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En julio de 2014 fui invitado a leer “50 sombras de Grey”, un betseller al que no me negué, no por herir susceptibilidades de quien lo hacía, más bien por ver qué leen ahora los jóvenes veinteañeros y así entender parte de sus comportamientos sexuales. No esperaba El Amante de Marguerite Duras, tampoco las notas rosas y edulcoloradas de Corín Tellado, que leyeron las contemporáneas de mis madres, como esa cita que aún mi mente guarda: “Y tenía los ojos azules que recordaban un atardecer de primavera mediterránea de Saint Tropez”. No, eso tampoco esperaba.

 

Las primeras páginas ya tenían un claro tufo machista. No es que las cintas porno no la contengan, son una fuente de ello. Las descripciones son tan malas que no pasan la prueba de un estudiante avanzado de literatura. Es horrible en cuanto a recursos literarios.

 

Vi la cinta por el show mediático, debo de reconocer. En todo caso, es heredera de cintas de las zagas de las que hizo Zalman King, un poco de mi admirada Silvia Krystel y mucho de las que en los 80 y 90 inundaron la medianoche de los canales de paga.

 

Si calentó los muros de Facebook de varias de nuestras coterráneas, en publicaciones lamentaban no ir a la premier de tan publicitada cinta por las mentes conservadoras de este país, que he llegado a sospechar que les pagan por hacer publicidad gratuita. Y también vi en sus muros lamentarse de que la película traicionara al libro. Y me dije: “Ni que tuvieran que traducir el olor a almendras amargas que citaba con singular alegría Gabriel García Márquez y ponerlo en una cinta. Es de sumo imposible”.

 

Pero vuelvo a lo mío. Ese tufillo machista no se desprende en toda la obra literaria y la película no traiciona esa vocación. Sé que varios machos en sus calenturas más anheladas desearían tener a una mujer-objeto para el regocijo de sus patriarcales ideas, pero “50 sombras de Grey” lleva a un extremo ridículo este sueño tan disparatado. Y cuento lo que leí y vi: la historia entre Ana y Christian Grey contiene muchas mentiras sobre el amor y la sexualidad. En primer lugar, Christian, inmensamente rico, se presenta como “la fantasía sexual” más interesante para las mujeres. Pero realmente es una persona gravemente dañada.

 

A los 15 años mantuvo una relación sumisa-dominante con una amiga de su madre, quien, como afirma, le dejó “perdido y con 50 sombras”. Sus obsesiones, que viene de su pasado como víctima, se edulcoloran con un erotismo ramplón para hacer del libro un negocio millonario. La realidad dice que ese joven sería un buen candidato para la consulta de un psicólogo. Los problemas sexuales no son algo “sexi”, señoritas, estos problemas hacen daño a quienes los sufren y también a quienes fantasean con ellos. Un estudio sobre la posible influencia de la novela en las mujeres jóvenes publicado en la revista científica Journal of Women’s Health advierte que la relación entre los dos protagonistas tiene las características de una relación violenta, caracterizada por el acoso, la intimidación y el aislamiento.


Sin embargo, la novela envuelve esta relación en erotismo y la presenta también como algo “sexi”. Algo parecido ocurre con cierta pornografía que suele incluir escenas que contienen agresiones físicas y donde las mujeres son dominadas y vejadas. En la vida real uno no se coge en un santiamén a otra persona solo por decirle hola, como tampoco una mujer en sus cinco sentidos espera una tunda mientras se la penetra porque así dicta la emoción del acalorado amante. Dice mi mamá: “Hacen falta besos y manoseada para que la taganeada prospere”.

 

Las distorsiones que ofrecen este tipo de libros y cintas dañan las relaciones de pareja al ofrecer una imagen de la sexualidad distorsionada e irreal y en ocasiones lleva a relaciones violentas. La violencia no es “sexi”, sino violencia; incluso aunque sea una violencia “consentida”. La investigadora principal del estudio publicado en Journal of Women’s Health advierte que el problema viene cuando la imagen que se ofrece sobre la violencia contra la mujer refuerza su aceptación en lugar de desafiarla, que es lo que está ocurriendo con las “50 sombras de Grey”.

 

Además, en dicho estudio se descubrió que aquellas chicas que habían leído la novela, comparadas con las que no la habían leído, tenían con más frecuencia conductas de riesgo para la salud, como una mayor multiplicidad de parejas y relaciones de pareja violentas. Los investigadores advierten que la novela puede influir en la aparición de esas conductas o en el refuerzo de las mismas si ya estaban presentes antes de leerla. O sea que es una tontería lo que resulta, imitación que pone en riesgo a las que se creen a pie de juntillas lo escrito.

 

Por otra parte, la novela pretende mostrar que Ana siempre da su consentimiento ante las pretensiones de Christian y que, en cualquier caso, el consentimiento es secundario cuando hay un fuerte deseo, con lo que se borra la línea roja entre el consentimiento y el acoso. El estudio antes citado afirma que el libro muestra un abuso emocional en prácticamente todas las interacciones de la pareja, incluyendo elementos de acoso e intimidación. Ana sigue siendo una víctima aunque tolere ese acoso. Esto debería ser más denunciable que permisible y menos aun objeto de fantasías sexuales para lectores, en pocas palabras, puede llegar a configurar en un delito. Menos sexi todavía.

 

Más paradójico que hoy con tanto esfuerzo de feministas por hacer cambiar la razón patriarcal para prevenir la violencia en la pareja, especialmente entre los jóvenes, llegan estas cosas y ni siquiera se advierta de las consecuencias de una historia mal escrita y sazonada de erotismo que intenta convertir a la violencia en algo “sexi” y objeto de fantasías sexuales.

 

Ringlera: espero y no me miren feo, pero tenía que decir lo absurdo que es este betseller. Y, si contribuí a las millonarias ganancias de quienes hicieron este negocio, mal mi día.

 

No quiero que se interprete que soy un antiporno. Respeto y me conduzco con la frase siguiente: que cada quien haga de sus manos, vagina, pene, ojos y mente lo que sus acaloradas fantasías plazcan… siempre y cuando no se ejerza violencia hacia otros.

 

Pante: estoy escribiendo sobre los alimentos de las velas, solo que mi asesora culinaria no gusta de las prisas de las entregas semanales a las que Michael Molina nos somete.

'50 sombras de Grey' o cómo leer y ver porno aburrido

Joselito Luna Aquino

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