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2/1/2017

 

En su nombre lleva implícita su grandeza, ya que el simple hecho de llamarse César Augusto y no ser distinguido con el título de jefe supremo de la colectividad a la que pertenece sería una acción injusta por sí sola. Al César, lo que es del César. Y a este César le corresponde estar en lo más alto. Está predestinado, como el primer emperador del Imperio Romano.

 

Faltan cuatro minutos para las 10:00 de la mañana, y de las cien sillas designadas para el público frente al templete instalado en el domo municipal que se prevé asista a la toma de posesión apenas están ocupadas un par de decenas. Es un error, debe serlo, ese no es el escenario que merece tan importante acontecimiento. Las personas van llegando de a poco; mientras, un músico interpreta con su piano canciones de Willie Colón para hacer más amena la espera.

 

Pasada la hora para la que se convocó al evento, un locutor invita a los asistentes a que se dirijan a casa del edil entrante para acompañarlo en su recorrido hasta donde será investido. La mayoría se pone de pie y accede al llamado.

 

En el lugar permanecen algunos de los personajes que formaron parte de la administración saliente, entre ellos Wicho, aquel que, tres años atrás, propinara al PRI la derrota más escandalosa que en el pueblo se ha dado en lo que a su historia democrática se refiere.

 

Son las 10:17, y el nuevo presidente hace acto de presencia acompañado de su comitiva. Se le ve sonriente, como siempre, y saluda de mano a cada uno de los presentes y a cada persona que va llegando. Se sienta y se levanta de nuevo. Las cien sillas ahora están ocupadas, y no serán suficientes las que tenían apiladas de repuesto. Hay gente de pie en ambos costados del escenario principal. Los cohetes no cesan de sonar. Si alguien deseaba que la primera aparición de este César Augusto como autoridad máxima fuera un fracaso tendrá que esperar hasta una mejor ocasión. La de hoy será un éxito rotundo.

 

Además del alcalde saliente, se encuentran en el lugar otros viejos conocidos que alguna vez tuvieron el papel protagónico que desempeña quien hoy asume el poder: Alberto Delgado Matus, Roque Antonio Matus Velásquez y José Luis Guerra Hernández.

 

Son las 10:40. El nuevo secretario municipal, Vicente Cortés Gómez (quien por tercera ocasión consecutiva formará parte del gobierno local), inaugura el evento. A la izquierda del templete está el cabildo saliente; a la derecha, el entrante. Panistas ambos. Pero hay un intruso.

 

Todos están de pie y con la cabeza descubierta para recibir con respeto a la escolta del Cobao y la bandera nacional. El himno se entona con mesura, quizá por aquello de que el orgullo mexicano ha sido denigrado por quien en diecinueve días será laureado en la nación más poderosa del mundo.

 

Se anuncia un mensaje del edil saliente; no podía irse en silencio, no es su estilo –pese a que sí lo guardó en lo que respecta a su Tercer Informe de Gobierno–. Que se le cae la cara de vergüenza, dice, por la inseguridad en la que se encuentra Ixhuatán y que se recrudeció durante su administración; que no es tarea del presidente municipal combatir la delincuencia organizada; que no existe tal autodefensa como se difundió en internet, pues a esas personas del video se les pagó para que dijeran lo que dijeron; que él no ha señalado a nadie como responsable de los crímenes acaecidos en el municipio, y que se va con la frente en alto y tranquilo por lo que su proyecto de desarrollo logró.

 

Son las 11:04. El presidente entrante toma protesta. Esta será la primera de tres intervenciones que tendrá hasta dar su primer discurso como autoridad máxima de Guidxiyaza: “Seremos un gobierno de puertas abiertas y de mirada atenta, vinculado estrechamente con las distintas agrupaciones que residen en Ixhuatán y sus comunidades. Ser gobierno implica trabajar sin distinción de colores; la campaña quedó atrás, son tiempos de jalar parejo. Ser gobierno nos llama a actuar y hablar con la verdad. No se trata de satisfacer intereses personales o de grupo, se trata de tener un mejor lugar para vivir, donde todos tengamos las mismas oportunidades para salir adelante.

 

“Ser gobierno también es tocar puertas; acudir a las instancias donde salen los recursos que apoyan los distintos proyectos y gestionar con diferentes organizaciones los servicios que nos permitan generar mayores estándares de bienestar. Ser gobierno implica ser transparente en el uso de los recursos públicos y gastarlos en donde se necesita; no podemos utilizar las arcas municipales como dinero propio, se trata de que existan más beneficiados. El compromiso mío y de mis regidores es trabajar de manera transparente, y ante ustedes me comprometo a que peso por peso que llegue a este municipio será invertido para cumplir necesidades, no va a quedar en la bolsa de ninguno de nosotros.

 

“Hermanas y hermanos ixhuatecos, el momento y el destino son ahora, y el desarrollo es una meta impostergable. Más allá de colores, más allá de creencias, más allá de nuestra fe está, por encima de todo, nuestro amor a estas tierras que nos vieron nacer y donde guardan sus restos nuestros muertos. ¡Por Ixhuatán y con unidad vamos a trabajar sin descanso alguno!”.

 

Una diana, centenares de aplausos, abrazos y sonrisas prosiguen al discurso del presidente. Todo es algarabía. Solo un detalle, el intruso, empaña levemente este júbilo generalizado. Es el representante del gobernador de Oaxaca, quien presenta en este evento las líneas de trabajo de su superior y ofrece su respaldo a la administración local. Sus palabras provocan algunas muecas y miradas de hastío, pues muestran que el PRI no solo no está ausente de esta celebración, sino que viene (y con su rostro más perverso –el de un Murat–) a dar el mensaje de que está más vivo que nunca y hay que lidiar con él si se quiere gobernar con tranquilidad. Merece unos aplausos sutiles para no parecer descorteses.

 

Son las 11:30. El evento ha concluido. Siguen las felicitaciones y muestras de respaldo al recién consagrado. No está solo, y de él dependerá mantener ese apoyo popular que lo ha erigido en lo más alto de la esfera política de este lugar.

 

En Ixhuatán hay humo blanco que semeja a las fumatas de El Vaticano, allá en cuyo Museo Chiaramonti se encuentra una estatua del emperador romano que tuvo el reinado más extenso del Imperio. Hoy aquel César Augusto se eleva más allá de sus dominios y encarna en otro emperador que tendrá, como lo hiciera el propio Octavio, la tarea de encabezar la Pax Augusta, pero ahora en tierras lejanas, esta vez zapotecas.

Asume el emperador

Michael Molina

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