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Identidad en la posmodernidad es uno de los temas que a menudo se me ocurre que pueden ser objetos de encuentros y desencuentros para quienes andamos en estas cosas de por dónde caminar la vida.

 

Retomar el tema en medio de las vacaciones en las que este texto quedará, seguramente, relegado y se conocerá solo por accidente es otro intento.

 

Al llegar a Ixhuatán, hace 15 años, me encontré con el fenómeno del baño de mar, el cual yo conocía como ir a la playa, que, además, pensado desde la cosmovisión binniza´, decir playa es lo mismo que decir labios de la mar.

 

Reconocí que la mayoría de las fiestas de las comunidades se enmarca dentro de este periodo que el común llama de primavera o nuestro tiempo de secas. Así se celebra la fiesta de misericordia en el primer viernes de Cuaresma en Ixhuatán; en Chahuites-Vergel del Maíz, se celebra la fiesta de Pasión Caulote (21 de marzo); en Río Viejo-Villanueva, Pasión Piñón (el Sábado de Gloria), y la tercera pasión (cruz) se celebra el 3 de mayo. Según algunos antropólogos, estas fiestas tienen su vínculo con la petición de lluvia a las divinidades.

 

Don Eulogio Guillow, al presentar la causa de canonización de los mártires de Cajonos, enumera algunos rituales “diabólicos” (como los llama), rituales de idolatría. Narra uno de los rituales que sucedían en la región de Cajonos, en Oaxaca (que, a decir de algunas personas, aún se practican ya con transformaciones): se llevaba una tinaja de agua a la que se le ponía copal o incienso y se le acompañaba de antorchas hasta llegar a lugares sagrados donde se clocaba como un ser sagrado y se le brindaban tributos.

 

Si a cualquiera de nosotros, que ya no somos campesinos activos, nos preguntan qué significa el agua, inmediatamente podemos decir: “El agua es vida. Si no hay agua, no vivimos”.

 

Con estos supuestos (unidos al nombre de la cultura, que nos concibe como gente de agua o nube, que, además, vivimos en un pueblo de hojas -de palmeras, de maíz, de bosque espeso o de hoja de laguna-), no podemos menos que decir que el baño de mar que llevamos a cabo inmediatamente a la primera luna llena de primavera es un gran ritual para disolvernos con la naturaleza y, retomando nuestro principio original, nos hacemos nube para volver a llover, renacidos, al pueblo, a la tierra.

 

Esta concepción contrapone los pensamientos religiosos cristianos con nuestra práctica. En la descalificación se empieza a decir que no somos capaces de comprender, entre muchas cosas, el sacrificio de Jesucristo por la humanidad.

 

Pero, atendiendo a la concepción cultural antigua de los binniza´, no somos provenientes del sacrificio. Provenimos del gozo que dan a los campesinos, las primeras lluvias. Por ello no podemos entender el sacrificio de quien hizo opción por entregar la vida, sino que enfrentó la muerte para gozar la vida.

 

Si el baño de mar es una acción que responde a prácticas ancestralmente practicadas, entonces es un ritual, y Aguachil es un espacio sagrado.

 

Dentro del contexto de las consultas comunitarias pro vida, habríamos de pensarnos ¿qué acciones podemos llevar a cabo para mantener nuestro baño de mar en mejores condiciones en medio de las concesiones del territorio para minería, eólicas y salineras? En medio de esos cambios que se darán, ¿de qué manera podemos mantener este espacio de vida y de recreación de nuestra identidad?

Que haya buen renacer y que la vida siga siendo vida en abundancia.

Baño de mar

Manuel Antonio Ruiz

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