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20/9/2015

 

No cabe duda de que los binni-gulaaza guardan secretos y conocimientos ancestrales que se han ido heredando de generación en generación. Uno de ellas es, sin lugar a dudas, el uso del otate, madera que es utilizada en la construcción del techado de las casas de palma; por su dureza, casi comparada con el acero, es necesario saber cuándo cortarla y, sobre todo, cuándo y dónde localizarla. Se cuenta que el otate nace donde nace porque es un terreno abundante de elementos ricos en nutrientes; de ahí que, cuando los señores practican la raza para sembrar el maíz, los sitios donde estaba el otatal son los únicos donde la planta crece rápidamente.

 

Un día en que estaba próxima la celebración de la Virgen del Rosario de Fátima, el abuelo Eulofio invitó a varias personas para ir en carreta al oriente de nuestro bello Guidxiyaza a buscar el otate que se utilizaría para la construcción de la enramada, donde las personas se reunirían y, además de apreciar el ambiente, serían refrescadas por la sombra de la palma. Nos enfilamos todos rumbo a la faena del día; para ser preciso, eran tres carretas y varios hombres comandados por el más anciano del grupo, el abuelo ta Lofio. Entre pláticas, les fui preguntando a cada uno de los señores sobre el filo de sus machetes y hachas, y les remarqué lo siguiente:

 

–Hey, qué tal tiene filo sus machetes, ¿ja? ¿Le pusieron filo? Porque, si no, namás van de puro pendejo. Mejor se quedaran a hacer el frito con sangre con las viejas en la casa.

 

Con una carcajada colectiva veía cómo aquellas personas esperaban un momento en el que nadie los viera para dar un pasón con el dedo y calar el filo de sus instrumentos. Uno a uno fue contestándole al viejo:

 

-¡Parece navaja de peluquero!

 

-¡Mju! El que traigo, con que lo vea el palo de otate, hasta pedo cuachi va a echar.

 

En ese sabroso aperitivo fue transcurriendo la madrugada hasta llegar a un potrero, donde la última vez había ido el viejo por unos otates que usó en la cocina de mi madre. Al llegar, grande fue su sorpresa:

 

–¿Y ahora qué pasó? Ah, jijos. Se me había olvidado que este año se secaban estos miserables (refiriéndose a los otates). El otatal se seca cada 14 años. Recuérdenlo bien, ¿na? Para que no se equivoquen como yo. Ah, qué sonzopendejo soy.

 

Presenciamos aquel cuadro semejante a ver los árboles en otoño. Carecía el color verde que caracteriza al otatal; en su lugar, veíamos que prevalecía el color café.

 

–De por gana vamos a cortar esos otates. No van a servir para la enramada. Mejor vámonos de regreso. De plano, ¿ja? Ni el frito ganamos hoy.

 

Con gesto de enfado, el abuelo ordenó el retorno de las personas sin haber realizado el trabajo encomendado.

Por cierto, fue la primera ocasión en que mi madre solicitó la instalación del stand, que suplió la enramada de palma y otates en la celebración de la festividad en honor a la Virgen del Rosario de Fátima.

 

Atenta invitación: es una bonita oportunidad para recordar la tradición de nuestras fiestas patronales. Están cordialmente invitados, amigos lectores de PANÓPTICO IXHUATECO, a la fiesta de la Virgen del Rosario de Fátima los días 13 y 14 de octubre. Asimismo, para que nos acompañen los días 17, 18 y 19 del mismo mes a la celebración de la tradicional vela de San Lucas.

Tomada de www.flickr.com

Cada 14 años se seca el otatal

Clemente Vargas Vásquez

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