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Censuras

Manuel Antonio Ruiz

1/11/2016

 

Hace 125 años, Pancho León gestionó y consiguió lo mismo que habían logrado los españoles: la fundación del municipio de San Francisco Ixhuatán. Al respecto, el doctor Juan Henestroza Zárate, historiador ixhuateco, tiene los datos que nos da a conocer a través de esta página.

 

La fundación de Ixhuatán como ayuntamiento, en épocas de las misiones, desplazó a la comunidad ikootjs de San Francisco del Mar para hacerla vivir de la tierra y sobre todo que trabajar la tierra diera ganancias para el extranjero.

 

Con la fundación del ayuntamiento de San Francisco Ixhuatán se logra nuevamente el desplazamiento de la misma comunidad para no tener que andar yendo hasta aquellos lugares marginales.

 

En el pueblo se estuvo de fiesta hace unos días para conmemorar el 125 aniversario de la constitución política del municipio libre y soberano de San Francisco Ixhuatán.

 

Celebrar este acontecimiento, si bien es una labor noble de parte del comité que lo organizó, es también criticable. Al conmemorar un ejercicio meramente político se está aceptando la celebración como triunfo de lo que trajo como consecuencia ese decreto político.

 

Celebrar la constitución de San Francisco Ixhuatán es celebrar el hecho del desplazamiento forzado de una comunidad indígena, expulsarla de su forma de vida para hacerla vivir de lo que no es su cultura. Es poner en lo evidente la superioridad zapoteca en cuanto cultura frente a los pueblos de la mar.

 

Dentro de esta celebración, por gestiones del grupo Ixhuatecos en Defensa de la Cuenca del RÍo Ostuta, nos habían otorgado, después de pensarlo mucho, la participación de la obra “Ostuta, vida o muerte” dentro del programa. Un día antes de la presentación censuraron esta obra que se encuentra en su segunda temporada.

 

El mensaje textual dice: “(...) Me piden los organizadores del 125 que por favor la obra no tenga contenido político, o sea nada en contra de las autoridades”.

 

Quienes han visto esta obra incluso me piden que diga nombres, que no tengamos miedo a denunciar; muchos la ven muy light, pero el comité 125 o los censuradores del municipio prendieron la alerta.

 

La puesta en escena de “Ostuta, vida o muerte” es una obra construida dentro del teatro foro. Este teatro tiene la finalidad de crear una reflexión y diálogo entre los actores –que son los que traen nuevas informaciones– y los espectactores –que es el público asistente que se convierte en actor para ensayar salidas a la problemática que la obra pública–.

 

Entonces, ya de por sí es una obra con contenido netamente político. Antes de meternos al programa ya nos habían dicho que mejor fuera algo más cultural. Al parecer el teatro no es cultural como lo es una recitación de un poema.

 

La celebración del 125 aniversario de San francisco Ixhuatán estuvo censurada. No aceptamos que a esa fiesta se le introduzca su realidad actual. 

 

Es sabido, porque la misma persona lo dijo en reunión, que ya en Ixhuatán han llegado los gestores de las mineras a ofrecer “proyectos” a algunas personas. Los invasores están creando una confrontación interna en Ixhuatán, una confrontación que nos puede dividir aún más de lo que ya estamos.

 

Afortunadamente, Ixhuatán no es quien directamente decide la instalación de una minera. Pero por las afectaciones tiene un peso importante al plantear una negativa a ese proyecto.

 

“Ostuta, vida o muerte” es una obra de teatro creada por los propios jóvenes de la preparatoria José Martí de Ixhuatán hace tres años acompañados por la actriz colombiana Luz Elena Ramírez Saavedra y la actriz mexicana Claudia Dorana Daraimbow; es una coproducción del colectivo Utopía en colaboración con Ideas Comunitarias y la preparatoria comunitaria José Martí en 2013.

 

Los personajes fueron construidos a partir de la realidad ixhuateca: un gestor del desarrollo representante de una empresa extractora de arena y un junior de familia presidenciable que promueve su figura dando pie a la entrada de la inversión de fuera. Estos representan el poder, a los opresores.

 

Por parte del pueblo oprimido se encuentra en el papel estelar ta’ Benito, un pescador que ama su naturaleza y se preocupa por lo que le pasa al río; un campesino, y una vendedora que trae pescado de Pueblo Viejo y camina las comunidades cercanas, desde Pueblo Viejo hasta Zanatepec.

 

Se encuentran también tres jóvenes: uno es estudiantes que forma parte de un colectivo juvenil, uno que viene de la ciudad y le gusta el dinero y un estudiante que es vicioso.

 

La escena se lleva a cabo en las orillas del río Ostuta, espacio de vida de los ixhuatecos y de todas las comunidades que dependen de sus aguas para vivir.  Analizan el peligro que tiene la extracción masiva de arena, la cual puede incluso secar el río y volverlo subterráneo. Presenta también las posibles afectaciones de los parques eólicos y salineras y da a conocer los polígonos concesionados para instalar la minería a cielo abierto.

 

Otros temas que la obra presenta son la escasez de agua que se vive en la temporada de sequias, sobre todo en la Cuarta Sección, y que constantemente el sistema de bombeo se interrumpa en Ixhuatán. La poca producción del campo y la posibilidad de la pérdida del río.

 

La obra pone de manifiesto los planes y programas de desarrollo que ven oportunidad de negocio sin medir impacto ambiental, cultural y social de las obras que realizan.

 

La obra concluye con una asamblea donde se lleva a cabo una supuesta consulta organizada por la propia empresa. Esta compañía corrompe a la gente y difama a los opositores haciendo que el actor principal que ama al río sea expulsado de la comunidad.

 

Aquí es donde tiene importancia la obra. Existe un mediador entre los actores y el público, quien pide la opinión de la gente y ayuda a perder el miedo y cruzar la línea entre la ficción y la realidad; para ello, el espectador toma un papel en la obra y trata de cambiar su final.

 

En la primera temporada, el guion original de la obra quedó obsoleto; cada presentación fue una versión diferente de la obra, pues se fue enriqueciendo con los aportes que los espectactores le fueron dando.

 

La censura, según el diccionario de la Real Academia Española, es la “intervención que practica el censor en el contenido o en la forma de una obra, atendiendo a razones ideológicas, morales o políticas”. Se considera como supresión de material de comunicación que puede ser considerado ofensivo, dañino, inconveniente o innecesario para el gobierno o los medios de comunicación según lo determinado por un censor.

 

Censurar es creer que se tiene el monopolio del saber. Censurar es creer que uno posee la autoridad suficiente para decidir qué puede escuchar, ver y degustar el resto del pueblo; todo aquello que no entra en mi lista de permisos queda excluido. Censurar es creer que nadie tiene la capacidad de estar a mi altura, y solo mi grupo cultural es capaz de usar palabras bonitas que no ofenden.

 

Quienes somos parte de organizaciones y de luchas aún estamos en construcción; sin embargo, estamos ya dialogando sobre nuestras posturas. Las compañeras se han dado a la tarea de enseñarnos y exigirnos que usemos un lenguaje de equidad e inclusión y que nos obliguemos a asumir roles que hasta ahora les hemos fincado a las mujeres como su deber sin que así lo sea. Los más jóvenes nos ayudan a ser menos patriarcales y menos adultistas. La diversidad sexual nos pide que no seamos sexistas y que nos abstengamos de rechazar al diferencia.

 

Hace falta mucho por hacer en nuestras personas y nuestros colectivos. Es hora de que vayamos aprendiendo que la regla que a ti te impusieron para ser ixhuateco ya no alcanza a medir a todos y todas.

 

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