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"Mi pueblo tiene nombre de libro, decir un libro es decir un sueño, pero lo he descubierto por Borges, por Dante o por Quevedo. Se llama Ixhuatán, en náhuatl, y en zapoteco Guidxiyaza, que es el lugar de hojas. Guidxi es pueblo o lugar, y yaza es hoja. De hojas es un árbol o un libro en todo caso. Hoja de mazorca, de palma, y de libro también." Manuel Matus Manzo, El árbol y su sombra, 2006 (Fragmento)

 

Escribir la historia de un pueblo, de una sociedad, de un ser humano, de las cosas o de cualquier otro ser es bastante complicado. Se requiere de mucha astucia, tenacidad y persistencia a la hora de buscar los datos, en el momento de ordenarlos y, finalmente, redactarlos para darlos a conocer públicamente. Se requiere de que quien investiga tenga paciencia, identifique fuentes de información, construya metodologías, defina propósitos y, primordialmente, se acerque lo más objetivamente posible a que los datos que se presenten sean confiables, verificables, comprobables.

 

La historia, desde Herodoto, considerado su padre, posee su carácter científico, pues no solo es una transcripción de la información que el investigador encuentra en sus fuentes, sino también de un proceso de asimilación, de contrastar y verificar los datos a partir de la búsqueda de una verdad sobre acontecimientos suscitados en una época y lugar específicos. Así, por ejemplo, los documentos físicos dan constancia de la autenticidad de la información, pero también lo hace la tradición oral, o testimonios históricos, y esta adquiere su esplendor y magnificencia cuando a varias voces se van tejiendo los acontecimientos hasta formar una versión confiable.

 

Estudié la primaria en la extinta Escuela Pablo L. Sidar, en el turno vespertino. Cuando mis compañeros de clase o mis maestros me preguntaban en dónde vivía, siempre respondí que en la Colonia Lázaro Cárdenas, a pesar de que en algunas temporadas lo hacía en casa de mis abuelos o en casa de algunas de mis tías maternas. Cuando pronunciaba el nombre de la colonia, los que preguntaban esbozaban muestras de asombro e inmediatamente venía la expresión-pregunta: "¿Y no te da miedo vivir junto al panteón?".

 

Nunca tuve miedo de vivir junto al panteón ni recuerdo a nadie de mis hermanos o a los amigos de la colonia tenerlo. Nos acostumbramos a los vecinos silenciosos, a las historias que se contaban sobre espantos y aparecidos, a las leyendas como la "Marrana bruja" –que, por cierto, dicen que se le apareció un día a mi papá y otro a un señor que conocí como "Chentillo"– y a "La mujer de blanco". En esa época, la colonia no contaba con energía eléctrica ni agua potable, bueno, ni siquiera las calles estaban bien delimitadas: uno caminaba entre veredas, había pocas casas, los vecinos estábamos distantes –en cuanto a espacio físico–, los solares no estaban bardados –los pocos tenían una o dos líneas de alambrado– y vivir en la Lázaro Cárdenas era como hacerlo escondido de todos en aquel Ixhuatán que ahora añoro.

 

Al tratar de reconstruir la historia, la tradición oral es la metodología que me llama la atención, sobre todo si trato de hablar de Ixhuatán, pues sus pobladores están llenos de una riqueza léxica y semántica, que, acompañados con una estética narrativa sobre su pasado, hacen que las conversaciones, aparte de científicas, estén llenas de placer por la búsqueda y descubrimiento del pasado.

 

La historia de Ixhuatán o de su gente ya la han escrito grandes escritores, destacados, multipremiados y reconocidos ixhuatecos; mi granito de arena para esta extensa playa de nuestra historia está dado a partir de mis apuntes, estos que voy recopilando poco a poco, con el apoyo de la memoria de mis viejos, nuestros viejos, los más sabios del pueblo.

 

La Lázaro Cárdenas es la primera colonia fundada en Ixhuatán. Hasta mediados de los años 60, las coordenadas del casco municipal se delimitaba en cuatro secciones; para ello, la calle Independencia y la Avenida Reforma marcaban –como hasta hoy– los cuadrantes de oriente a poniente y de sur a norte. La Primera Sección, en el cuadrante norte-poniente; la Segunda Sección, en el sur-poniente; la Tercera Sección, en el norte-oriente, y la Cuarta Sección, en el sur-oriente, además de los barrios Ostuta y Curtidores.

 

En los primeros años de la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, el fallo hacia el municipio de San Francisco del Mar Pueblo Nuevo les daba el derecho de posesión de las tierras que estaban ocupadas por pobladores de Ixhuatán. En distintas localidades o agencias municipales de Ixhuatán se crearon comunidades alternas, entendiéndose que los de nueva creación se iban a gobernar con los mareños, como en el caso de Cerritos, junto al cuál se fundó Santa Rita.

 

En esa época, siendo Presidente Municipal el señor Alejo Andrés (s/d), el Sr. Franco Baltazar (conocido como "Franco Yuvi"), que vivía en Pueblo Nuevo, formó un grupo de habitantes del pueblo de Ixhuatán y promovió la invasión de un predio junto al panteón municipal, al oriente del pueblo, propiedad de don Constancio Nieto, deslindándose, en un primer momento, hacia el año de 1969 y 1970, las calles de la colonia, la extensión de la calle Amado Nervo (como principal), la Av. 1º de Mayo, dándole seguimiento a la 5 de mayo, que se extiende hacia el norte, paralela a la anterior la Av. Francisco I. Madero, y la prolongación de la calle Progreso.

 

Las primeras casas construidas y habitadas fueron las de las familias: Sr. Rufo Aquino y Sra. Georgina Reyes, Sr. Ciro Vásquez y Sra. Silvia Ruiz, Sr. Teodoro García y Sra. María Ruiz, Sr. Maximino Ruiz y Sra. Francisca Vásquez, Sr. Carlos Vásquez y Sra. Clotilde Jiménez, Sr. Mario Vásquez y Sra. Teresa Cruz, Sr. Pascual Enríquez y Sra. Enedina Cueto Álvarez, La Sra. Rosa, "La zarca", Sr. Mauro Pérez, y el Sr. Aurelio Vásquez y Sara Henestrosa.

 

Hacia el extremo oriente, detrás del panteón, estaban establecidas las ladrilleras, que, por muchos años, han sido uno de los medios de producción económica para unas pocas familias del pueblo. De los primeros ladrilleros que se recuerdan desde la década del 50 están: Sr. Atanasio Vásquez, Sr. Eulofio Vásquez, Sr. Severino Vásquez, Sr. Onofre Laguna, Sr. Adolfo Pavián y, unos años más tarde, Sr. Melitón Fuentes. Estos enseñaron y heredaron el oficio a sus hijos y familiares: Sr. Rubén Ruiz, Sr. Alejandro Vásquez, Sr. David Vásquez, Sr. Mauro Vásquez, Sr. Enrique Vásquez, Sr. Tomás Vásquez, Sr. Aarón Pavián, Sr. Miguel Fuentes y Sr. Eleuterio Aquino.

 

Detrás de la colonia y junto a las ladrilleras y a los potreros de don Tomas Nieto se limpió un terreno en el cual se practicaba beisbol; ahí se formó el equipo de beisbol San Lucas, en él participaban los beisbolistas: los hermanos Adolfo, Vicente y Virgilio Matus López, Prof. Tomás Matus Pérez, Sr. Pedro Rodríguez (Terry), Prof. Francisco Robles Aquino, Sr. Domingo Robles Aquino, Sr. Enrique López Sánchez (Quique Mayo), Sr. Roque Jiménez Aquino ("Pachín"), Sr. Felipe Sánchez Parada ("Lipe Chueco"), Sr. Arcadio Jiménez Torres ("Cayo"), Sr. Antonio Reyes ("Pollón Reyes") y Sr. Otilio Castillo Carrasco.

 

Unas décadas mas tarde, se fundó junto al campo de beisbol, hacia el año de 1985, el kínder Margarita Maza de Juárez, y, a mediados de los 90, la escuela primaria Ignacio Ramírez cambió su sede y turno, ocupando el predio del campo de beisbol.

 

Estimado lector, la historia oral deviene básicamente de la necesidad de los habitantes de los pueblos por la preservación de su historia, de su memoria colectiva; la recuperación de acontecimientos, de nombres, de fechas y de cualquier dato están reservados a la voluntad que tiene en su momento quien es o fue testigo presencial de lo que se relata, por eso a veces pueden haber algunas faltas, desacuerdos y/o discordancias, no son omisiones a propósito, son porque en las distintas voces en que se cuentan las historias, la memoria a veces nos juega traspiés y equívocos inevitables. La tarea que tiene quien busca, recoge y colecciona estos relatos es presentárselos a ustedes para que, de manera conjunta, se trabaje en una historia que sea capaz de satisfacer la curiosidad de la mayoría de los interesados en ella.

Colonia Lázaro Cárdenas

(Apuntes para su historia)

A. Antonio Vásquez

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