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7/12/2015

 

Para Ixhuatán, que extraño.

 

Acomodo mis ideas, todo esto que vi, los otros sueños, las cenas de noche, los besos mojados, lágrimas, bocados, suspiros, deseos, locuras, manías, perversiones y pienso, recuerdo, acomodo los gestos de mis abuelos, de mis padres cuando me despedí de ellos, de mi familia, de mi calle, de mi barrio bizarro y cobarde, de diablos y nahuales, de locos y borrachos. El calor de las 2:00 en la tarde; el cepillo que raspa el hielo, raspa el hielo para ser pintado, endulzado, saboreado, arma letal contra el calor; la mototaxi que me llevó ese día, las huellas de mis pasos, el parque marihuano, el descanso, corazón arrítmico en la cancha, los balonazos que corren, y vuelvo rápido; el amor de siempre, mis calles de azúcar, de espanto; la sombra de los mangos, el aguate del campo, el olor de las mañanas, el campo santo –mi eterno espía–; mis alegrías y amargos llantos; mi sangre derramada bajo las sombras del sauce, en las calles de asfalto, el poco asfalto que come a mi pueblo, mi pobre pueblo en su pena, en la fiesta, en el eco de los cuetes, en las plegarias de muerte, en las misas de octubre, de febrero, y bebo agua, aquí, en mi lejana presencia. Me curo la cruda que tendré en estos días, me preparo para tanto cuento, tanta historia, tanta vida, tanto mole y pites, tanto caldo, tanto alcohol, y me sigo preparando, a mis ojos habidos de albores y ocasos y cielos azules, a mis manos aún vacías, a mis labios ansiosos de besos, besos fríos amargos, alucinantes, besos que me dejan borracho. Hondo respiro y viajo para volver a tus brazos.

De regresar algunas veces

Franco Carrasco Aguilar

Tomada de www.laletraenfuga.wordpress.com

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