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Han transcurrido los años, pero en Ixhuatán difícilmente se podrá borrar aquella escena que una mañana nos tocó vivir. Ancianos, jóvenes y niños corríamos despavoridos por las calles de nuestro pueblo. A muchos escolares nos llevaron con dirección al río porque era un refugio seguro a decir de los maestros de la escuela primaria Emilio Carranza. En ese lugar se resguardaron los pupilos mientras se escuchaba el “boom” explosivo de los tambos que almacenaban el combustóleo que don Julio Nakamura vendía al público en general. Era la “gasolinera” del pueblo, donde todos se surtían de este combustible, además de petróleo y de gas metano para los hogares.

 

Las personas corríamos por las calles porque era algo monstruoso. Aquel incendio se originó, según el peritaje de ese entonces, por un montón de basura que estaba quemando el amigo Beto Nakamura, quien no se dio cuenta de que solo bastó una chispa para provocar aquella catástrofe.

 

–¡Que alguien llame a los bomberos de Salina Cruz!– escuchábamos gritar a los representantes del gobierno mientras aquel incendio tomaba más fuerza y los tambos explotaban y lanzaban pedazos de lámina al cielo, con lo que el incendio se extendía por otras partes y con el peligro latente de que a alguien le cayeran esos restos incandescentes.

 

–¡Hay que tirar la barda! ¡Apúrense, amigos, o todo Ixhuatán va a volar en pedazos!– decían algunas personas cuando un grupo de hombres de valor se unió y creó un plan para tratar de derribar la barda del lado oriente de la propiedad donde estaba el incendio. El propósito era echarla abajo para rescatar aproximadamente unos 30 cilindros de gas metano, algunos con el producto lleno.

 

Un poco después se derribó una pared y rescataron los cilindros de gas, con lo que se evitó que explotaran por las llamas.

 

Esa tarde, una chispa que se generó al interior del expendio de combustible de don Julio Nakamura había provocado una enorme movilización. Una vez más, la gente de Ixhuatán demostró que está unidad para salir adelante en estos casos de desastre.

 

Recuento: el incendio duro hasta la tarde y consumió varios tambos de gasolina, así como a dos autobuses de pasaje y otras unidades de motor. A los ixhuatecos nos dejó con un desagradable sabor a tragedia, tanto que siempre comentamos el hecho en nuestras reuniones familiares.

 

Propuesta: de los equipos indispensables en nuestra comunidad, definitivamente el grupo de bomberos debe ser incluido en el organigrama municipal, lo mismo que su camión, para brindar servicio a nuestro pueblo y agencias, ya que Ixhuatán está a punto de convertirse en una ciudad, y los accidentes de esta naturaleza están siempre presentes en cada uno de los hogares de nuestro bello Guidxiyaza.

El día que volaron los tambos de gasolina

Clemente Vargas Vásquez

Tomada de www.nnc.mx

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