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Me pidieron que hablara sobre política, cultura, sociedad o algo referente a mi Ixhuatán y sus agencias, pero decidí escribir sobre mi México en general, sobre nuestro país, que hoy está lastimado. Y eso no quiere decir que no tenga nada que ver con Ixhuatán; al contrario, lo que pasa a nivel nacional repercute a nivel Estado, a nivel local.

 

México sangra. La sociedad está cansada de tantas injusticias, de tanta corrupción e impunidad en los tres niveles de gobierno. La sociedad está cansada con funcionarios públicos que se hacen llamar funcionarios pero que no hacen su chamba. Con políticos que solo están por el sueldo y no por convicción y que gastan el dinero a raudales en viajes y lujos. Dinero que sale, por supuesto, del erario. Con partidos políticos que cada vez más decepcionan y que son más de lo mismo. Con un gobierno a quien no se le puede juzgar ni cuestionar.

Después de lo ocurrido en Iguala, Guerrero, con los 43 normalistas desaparecidos hasta el día de hoy, la coyuntura nacional se vuelve más compleja.

 

Estamos frente a un fenómeno social en el que las marchas y movilizaciones en todo el país no cesan. Desde los maestros, estudiantes y un sinfín de diferentes organizaciones civiles que gritan consignas de lucha buscando respuestas a preguntas hechas.

 

La sociedad tiene sed de justicia, y el gobierno lo sabe. Estamos despertando. Estamos haciendo conciencia.

 

He participado en diferentes movilizaciones en la Ciudad de México, como fue la del 1 de diciembre de 2014; casi se cumplían tres meses de la desaparición forzosa de los 43 muchachos normalistas. Caminamos desde el Zócalo hasta el Ángel de la Independencia, y, créanme, no hay palabras para describir el apoyo moral que hubo por parte de los manifestantes hacia los padres de los 43 futuros maestros. Hablaron uno por uno, tanto padres como compañeros normalistas, y la impotencia que sentí fue profunda. “¡Queremos a nuestros hijos de vuelta!”, exclamaban. “No nos cansaremos de buscarlos, y el gobierno federal tiene que darnos solución pronta”, decían otros. Se me formó un nudo en la garganta y no pude contenerme. Lloré. No pude evitar sentir la rabia y el dolor que los padres transmitían. Aun así, todavía nos faltan 43 y más de 22 mil desaparecidos.

 

Lo anterior y otros problemas más aquejan a nuestra sociedad. Las reformas estructurales (educativa, fiscal, hacendaria, en telecomunicaciones, etcétera) son las causas del descontento. Los maestros en pie de lucha defendiendo sus derechos laborales y la educación de los niños y jóvenes del país; como respuesta, el gobierno reprime, castiga y detiene. Los grupos indígenas siguen en pie de lucha por proteger sus territorios frente a la amenaza de expropiación por parte del gobierno federal y entregarlas a empresas extranjeras para la explotación de sus recursos.

 

El crimen organizado sigue haciendo de las suyas ya no solo con el tráfico de estupefacientes, sino que ha extendido sus negocios al secuestro, robo y extorsiones, y esto tiene una causa de fondo, la cual es la falta de políticas públicas encaminadas a brindar más y mejores oportunidades laborales. Existe el problema también de la deserción escolar entre niños y jóvenes en los tres niveles educativos porque a papá y a mamá ya no les alcanza, y lo peor de esto es que en muchas ocasiones ingresan a las filas del crimen organizado.

 

¿Qué está pasando en nuestro país? ¿Qué sucede con nuestra sociedad? ¡Con nuestro gobierno! Muchos hablan de que el problema es con nuestra cultura, que nos falta más y mejor educación, etcétera. Pues sí, eso nos falta, nos falta interés por saber lo que pasa a nuestro alrededor, interés por ayudar y solidarizarnos, interés por mejorar en nuestra vida diaria. Interés en ser mejores personas. Mejores ciudadanos. Ser activos en todos los ámbitos (político, social, cultural).

 

Como ixhuateco y oaxaqueño me preocupa, y también debe preocuparles a ustedes. No estamos exentos de los hechos ocurridos y que están sucediendo en otros estados de nuestro país. Tenemos el problema de inseguridad, la deserción escolar entre nuestros jóvenes, problemas agrarios y territoriales con otras comunidades vecinas, problemas de desempleo, corrupción, pobreza, entre otros.  ¿Qué debemos hacer para mejorar nuestro pueblo y nuestro entorno? Trabajar, concientizar, solidarizarnos con los otros y hacer un mejor papel como ciudadano. Crear armonía social.

El México de uno

Óscar Manuel Sánchez Camacho

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