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Hace muchos, muchos años –tantos que no hay registros en pergamino histórico alguno-, existió en una región muy, muy lejana –tan lejana que ningún cartógrafo alcanzó a incluirla en algún mapa- una aldea cuyo nombre ha sido olvidado. En dicho lugar habitaba una comunidad de duendes que ocupaban su vida en las actividades propias de las zonas rurales (agricultura, ganadería, pesca y comercio local), por lo cual no necesitaban de elementos ajenos para sostenerse plenamente día a día.

 

La aldea era un auténtico oasis: contaba con recursos naturales suficientes para autosustentarse, las estaciones del año posibilitaban el razonable uso estos, sus cuerpos de agua dotaban de vida a todos sus habitantes, estos últimos eran amables y respetuosos y, por sobre todas las características, reinaban la paz y la felicidad en el lugar.

 

Con el paso del tiempo, el pequeño poblado fue experimentando cambios a causa de la influencia de fenómenos extraños que se produjeron a su interior por la llegada de una lechuza proveniente del oeste y la cual sembró sentimientos negativos en el corazón de un grupo de lugareños.

 

Envenenado, este conjunto de ánimas comenzó a realizar actividades deshonestas: hurtar los animales de los vecinos, imponer el pago de diezmo a algunos tristes monjes y amedrentar a quienes se atrevieran a cuestionar su manera de actuar. La luz que irradiaba la aldea fue opacándose poco a poco.

 

El miedo llegó entonces, y los duendes optaron por ponerles trancas a sus puertas y permanecer callados a fin de no ser alcanzados por alguna de las flechas que lanzaban los malvados con sus arcos. Incluso no pronunciar los nombres de tales entes se volvió regla. Solo se referían a “aquellos” o a “aquel”.

 

Un día, por azares del destino, el grupo de bandidos fue encerrado en una caverna cuya entrada fue bloqueada por una enorme roca que les imposibilitaba salir de ahí. La esperanza de los pobladores volvió a aparecer, pero solo ilusoriamente, pues el veneno de la lechuza ya se había expandido más en el lugar.

 

Afuera de la caverna permanecieron los aprendices de los primeros envenenados, por lo que la situación no fue distinta; además, en la esquina superior derecha del calabozo se encontraba un pequeño orificio del tamaño de un puño y por el cual los ahí internados lanzaban gritos y daban a palomas mensajeras lo que su voluntad indicaba y que debía ser obedecido como dictado por mandato divino.

 

La peste robó vidas, provocó pánico, destruyó el espíritu de aquel lugar. No hubo más paz ni felicidad.

 

El viento y las lluvias comenzaron a desgastar poco a poco la roca que servía como puerta de la caverna. Los aldeanos se percataron de que esto sucedía; sin embargo, al ser consultados sobre las acciones que tomarían con el fin de impedir la salida de los otros, todos bajaron la cabeza y guardaron silencio a causa del temor de que alguno de los mozos serviles o un aire malintencionado llevara la noticia al interior del calabozo con la información de quiénes participarían en el reforzamiento de la entrada.

 

Luego de varios inviernos, uno a uno, los gánsteres rurales lograron evacuar y volver a imponer su ley en la comunidad. Todos los habitantes, de nueva cuenta, guardaron silencio.

 

Algunos duendes optaron por emigrar, mientras que otros prefirieron permanecer y ajustarse a un nuevo estilo de vida. Lo remoto del lugar impidió que forastero alguno se enterara de lo que allí sucedía.

 

Posteriormente emergió un colectivo de fantasmas que interceptaban a algunos caminantes y les vendaban los ojos hasta obtener algunas semillas por parte de quienes extrañaban a los ausentes, calamidad nunca antes vista en el sitio.

 

Como síntoma de la decadencia, un eclipse solar apareció un 2 de febrero, y nunca más se volvió a ver siquiera un rayo de luz.

 

Así, inmovilizada por el miedo, aquella aldea que un día fue un paraíso, de un momento a otro, se convirtió en un infierno.

 

Esta es solo una pequeña parábola, estimado lector. Cualquier parecido con la realidad…

El paraíso que se convirtió en infierno

Michael Molina

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