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Los vientos de finales de octubre y principios de noviembre sacuden los árboles, enfrían el mar, cubren de polvo las casas y los ojos de personas que caminan con o sin rumbo por las calles de Ixhuatán. Cuando caiga la tarde mira hacia el oeste, hacia donde se oculta el sol. Verás las nubes arrastradas por el viento de todos santos y cuán rápido pasan esas siluetas que contrastan con el brillo anaranjado ocre del atardecer, son las sombras del pasado, de un lugar en la historia idealizado por muchos y recordado por los muchos que desfavoreció.

 

¿Que fue de los grandes bosques que cubrían la vista en Ixhuatán, los montes misteriosos de las historias de viejos y abuelos, los proveedores de combustible, alimento y techo?

 

Durante las últimas cuatro décadas la deforestación generalizada de la gran planicie del Istmo de Tehuantepec ha dado paso a la siembra de cultivos y ganadería a gran escala que únicamente revivieron los problemas entre pueblos y el beneficio de unos pocos.

 

La base y sustento de la cultura zapoteca sigue siendo el maíz, podrán perderse costumbres, valores, tierras, e ideas pero el principal aportador de carbohidratos sigue consumiéndose en una variedad tan diversa como los mismos sabores y combinaciones que representan parte de nuestra cultura.

 

La gran mayoría conoce las épocas de siembra del maíz zapalote chico, su aspecto y sabor cuando está en su punto para cosechar y comer, algo de lo que se habla poco o no se conoce es la hibridación no controlada que ha habido con otras variedades de maíz comercial (Híbrido, mejorado) que se han sembrado muy próximas y se han cruzado por polinización, esto trae como riesgo la capacidad adaptativa de la planta así como problemas genéticos que si bien no se observan, tarde o temprano se harán evidentes. Y se perderá el trabajo de selección de nuestros antepasados y años de evolución.

 

“La tierra ya no produce como antes” he escuchado decir a varias personas, efectivamente la tierra no produce lo mismo que antes porque se le ha saturado de fertilizantes y pesticidas. También el clima, lo ciclos biológicos y las semillas han cambiado, la pregunta es ¿Nosotros hemos cambiado? Actualmente se tiene un acervo tan grande de conocimientos sobre métodos de cultivo más accesibles, efectivos, baratos y menos agresivos con la tierra, pero por que no se utilizan en un pueblo con una gran extensión de tierras cultivables, clima propicio y agua.

 

Enfrentamos problemas económicos, sociales, ambientales etcétera, pero creo que el más importante es la indiferencia de nuestro pueblo, el estar dormidos, y ser inconscientes del gran potencial que hay en el campo. Asignarle precio y no valor a los muchos recursos con que se cuenta.

Desvalorizar el trabajo del campo es el peor error que puede haber en una sociedad que tiene bajo sus pies y en el estómago a la cultura del maíz.

 

Mejorar es imaginar y tener visión en el que el contacto con la tierra nos haga crecer como cultura y no alejarnos de ella.

Ixhuatán, su tierra y su cultura

Manuel Matus Martínez

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