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Todo pasa sin suceder, solo aquello que ocurre por más de una vez es lo que verdaderamente existe.

 

Ixhuatán, ¿hace cuánto que tus hijos no pasean en sus bicicletas? ¿Quién no se acuerda de un porrazo en la banqueta?

 

Ayer, mientras observaba la lluvia caer, vinieron a mi memoria tantas cosas que viví de niña y que, con el paso del tiempo, se han ido extinguiendo. Y viajé allá por el año 98, mi época de oro, cuando, al gozar de mi plena niñez, solo pensaba en jugar.

 

Aún recuerdo mi primer año de primaria: correr por el campo de la Emilio Carranza era, sin duda, un verdadero placer. En ese tiempo, lo que más se anhelaba era tener una bicicleta para ya no ir a pie a los mandados o a la biblioteca; sin embargo, en ese entonces ya se pensaba en motocicletas, era un envase vacío de Friko lo que simulaba el sonido del motor, y ahí se veía a la plebe correr detrás de la bicicleta de esquina a esquina, uno la llevaba de ida y otro lo traía de vuelta; el dueño lanzaba una moneda al aire para ver si caía águila o sol y así se asignaban los turnos, el famoso volado.

 

Cuando eran los tiempos de las aguas, la lluvia se estancaba en las partes bajas de la calle y se le daba vida a los charcos, el hábitat de los sapos y renacuajos, ya ni se diga del zancudero. Era entonces cuando disfrutábamos aun mas manejar nuestra bicicleta: la pasábamos en medio de los charcos para que, con el movimiento de las llantas, el sonido se escuchara más fuerte y el agua nos salpicara, con lo que dejaba la ropa chipa.

 

Recordé tantos momentos y no pude evitar que una lágrima se derramara por mi rostro, pues ahora todo se oculta por las camionetas, todo corre en motocicletas;entonces reaccioné y me pregunté:“¿Qué eres, Ixhuatán?”.

 

A mi primer artículo publicado en este sitio lo nombré “Escenario político”, Franco Carrasco Aguilar lo refiere como “Queso seco” y, en general, todos le llamamos pueblo.

 

Muchas personas manifiestan que Ixhuatán está en crecimiento, pues hoy vemos que la mayoría de sus calles están pavimentadas, los medios de transportes son de combustible, por lo que los niños ya no manejan bicicleta ni, mucho menos, caen porrazos en la banqueta. El agua de la lluvia ahorra corre por el asfalto, ¿a eso le llaman crecimiento? Por un lado, los actores políticos prometen el “desarrollo de Ixhuatán”, el cual, por lo visto, piensan que se alcanzará con obras públicas, las que, al ser visibles en la sociedad, provocan un alivio y conformidad porque ¡esta administración sí está trabajando! Estoy segura de que, si alguna constructora no les financiara su campaña política, no tendrían por qué llevarse a cabo tantas obras públicas.

 

Por otra parte, los ixhuatecos, con nuestra escasa participación ciudadana, también contribuimos al desequilibrio ambiental: ¿cuántos árboles derribados? ¿Cuántos hábitats destruidos? ¿Cuántas especies en peligro de extinción? No sé ustedes, pero yo no comparto la idea y el afán de que Ixhuatán deje de ser un pueblo chico y se convierta en un infierno más grande.

Ixhuatán, un pueblo por tradición

Alhelí Ruiz Fuentes

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