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30/9/2016

 

Cada vez que escucho una de las tres canciones más populares a las que Andrés Henestrosa les escribiera letra, pienso que, así no se le reconocieran otros méritos al ilustre ixhuateco, el gusto de la gente por esas melodías hará posible que su recuerdo y nombre pervivan. Lo mismo opino del juchiteco Gonzalo Pineda de la Cruz, “Chalo Bola” (1932-1993*), artista que compuso “La ixhuateca”, que, hoy por hoy, los ixhuatecos hemos hecho nuestra solo porque nos encanta. Esa melodía, así como “La Martiniana”, “La Paulina” y “La ixhuateca”, de Henestrosa, debe enorgullecernos sobremanera a los ixhuatecos. Debemos, pues, adoptarlas, más allá de las controversias que pudieran suscitar y que hace tiempo desbrocé aquí mismo. Véase: “Sobre plagios y plagiarios”.

 

En el ámbito regional, es una especie de tradición que los músicos contemporáneos les escriban letra a viejas melodías, casi siempre sones. En ocasiones también se atreven a hacer cambios a los arreglos. Henestrosa fue, si no el primero en hacerlo con “La Martiniana” –diciembre de 1957–, sí el más notable, tanto, que hasta el día de hoy le persigue el sambenito de plagiario. No así a otros autores zapotecas o istmeños que han hecho exactamente lo mismo. ¿Por qué? ¡Averígüelo, Vargas!

 

En ese contexto se halla un son que desde que lo escuché por vez primera me gustó: “Bitopa Suudu’” (título tomado de Facebook: San Blas Atempa Oaxaca). Y, como no me atrevo a traducirlo porque en mis diccionarios de lengua zapoteca no encontré ambos vocablos, solo consigno aquí lo que hallé en el manuscrito “Cómo se escribe el zapoteco de Juchitán”, de  Eustaquio Jiménez Girón, 1979**. De él escogí, aleatoriamente, dos vocablos: Bitoppa y Suudí. El primero –además de poseer un signo de acentuación en la a– tiene los siguientes significados: “Recogió, rejuntó, pepenó. Imperat. ¡Recoge! ¡Rejunta! ¡Pepena!”. Y esta otra acepción: “Devanó, enrollo. Imperat. ¡Devana! ¡Enrolla!”. El segundo significa: “Su enagua”.  Así, pues, aventuro esta traducción que de antemano sé pudiera no ser afortunada y pido disculpas por ello: “¡Recoge la enagua!”.

 

Hasta aquí se estarán preguntando de qué melodía estoy  hablando. Pues de esta: http://www.youtube.com/watch?v=umfmmBHXbU0. En la página de FB ya citada se afirma que su autor es un afamado músico originario de San Blas Atempa, don Atilano Morales. Natalia Cruz informa ampliamente sobre la valía del músico que afirma nació en 1863 y murió en 1943 [Reseña publicada en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos, suplemento cultural del Comité Melendre, Año I, N° 1, Dom 29/Jul/2012]. Y, si no me equivoco, el Súper Grupo Juárez lo hizo popular con el título de “Son Calenda”, quizá en los finales años 90. Grupo nacido en El Espinal en 1989, según se desprende del texto de Francisco Toledo Alvarado en internet. Desde entonces no he vuelto a escuchar otra melodía con tanta fuerza y sabor Istmeño como esta. ¿Pachanga juchiteca? Sí, pero no, diría la muchacha tímida y enamorada, mordiendo una punta de su rebozo, ante el atrevido asedio de su galán.

 

Supongo que quienes se dedican a la música deben tener, entre sus afanes, la de componerle una melodía a un ser amado o a la tierra que les vio nacer. Con ello no solo buscan plasmar en ella sus sentimientos y pensamientos, sino también ganar la inmortalidad y trascendencia personal. La gloria que da la fama, ¡quién no la quiere! Solo que ella no se regala a quien no la trabaja duramente para conquistarla. O, algo que también se ha visto: se da a manos llenas a los genios y predestinados, no en balde es propia de ellos. ¿Verdad, Chu Rasgado?

 

No negaré que desde mi adolescencia y hasta los años 90 intentara –sin ser músico– no solo componer una canción a mi tierra y a mi gente, sino también escribir un poema de gran aliento. He fracasado rotundamente en mi intento y abandonado la empresa por completo. Lo único que logré fue escribir 15 canciones de amor y desamor, de las que solo me gustan 5 porque de las restantes su música era vil plagio, aunque de ello me vine a dar cuenta una vez me abandonó el engreimiento y pisé tierra.

 

Ahora vivo  a la espera de que un artista nuestro haga el milagro y nos regale a los ixhuatecos ese canto inmortal al pueblo. Es larga la lista que arranca –por lo menos– desde finales del siglo XIX con Lázaro Pineda (1898), cruza por Andrés Henestrosa y aún no acaba y ni acabará. El resultado, sin embargo, no ha hecho posible que una de tales melodías arraigue en el gusto popular.

 

Muchos músicos y no músicos lo han intentado, me consta: han llegado a mis manos discos y letras. Dos  por lo menos han merecido que alguna orquesta les estrene sus melodías y los graben. Otros más, músicos, han estrenado y grabado por su cuenta sus creaciones. ¿Cuál de esas melodías quedará? Sin duda la que tenga más originalidad y contenga el alma ixhuateca.

 

Por supuesto que ello se debe a que no es fácil traducir en música ni en poesía el sentir de todo un pueblo. Se requiere un genio de artista, ni más ni menos. Y, lo que se ha visto siempre, el genio destinado a cumplir con la encomienda surge en donde menos se le espera, con lo que hace efectivo el refrán que reza: “Donde menos se piensa salta la liebre”. Ojalá yo mire saltar esa liebre, ya que nunca pude cazarla. Vale.

 

*Mis agradecimientos a mi amigo el maestro Cristóbal Girón Cabrera, quien investigó el año del fallecimiento.

 

**Mis agradecimientos a mi amigo el profesor José Cruz Luis Sánchez, quien me obsequió el manuscrito de Eustaquio Jiménez Girón.

La gloria y la liebre

Juan Henestroza Zárate

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