top of page

Desde su origen como sociedad tribal hasta la actualidad, el ser humano ha tratado de encontrar en los seres espirituales, divinos y superiores una protección para su existencia en el mundo. Las creencias dejan por manifiesto actividades de fe expresadas en diversos rituales, como danzas, bailes, músicas, caminatas o peregrinaciones, construcción de altares y/o templos, entre otras actividades propias de cada cultura, con el afán de  producir sortilegios que establezcan una cercanía con los seres superiores.

 

Con el paso del tiempo, las prácticas colectivas en torno a una creencia se fueron institucionalizando, los hombres y las mujeres se definieron en función de sus interacciones en conjunto y de las formas en como supieron y pudieron explicar las experiencias que les dejaban las visiones otorgados por la divinidad.  Así fue como las religiones aparecieron, unas politeístas y otras centradas en un solo Dios; sin embargo, todas buscaron agrupar y cooptar la voluntad de las personas a partir de la creación de estructuras de poder, en el papel del chamán, el sacerdote, el pastor, el líder espiritual o como se le llame; pero también promovieron, de acuerdo con Max Weber, el consenso social y el conformismo de parte de la sociedad, dirigidos por la voluntad y la fe hacia quien crea el principal nexo con su Dios.

 

A la llegada de los españoles a América, uno de los procesos históricos que tiene mayor impacto en la población originaria en los territorios amerindios es el sincretismo religioso: por un lado, la imposición de una religión monoteísta, y, por otro, la resistencia al cambio de paradigma de adorar a los seres naturales, a las montañas, los ríos, la lluvia, los animales, entre otros.

 

Este sincretismo está en proceso de extinción en algunos pueblos, como en el caso de Ixhuatán. No elaboro un juicio de si es bueno o malo, simplemente lo expongo como parte de una historia oral del pueblo, que se escucha y lee en las voces de nuestros abuelos; las fiestas religiosas y paganas en comunión alrededor de una manifestación de la naturaleza y que el catolicismo, en algún momento, se apropió de ella para evangelizar y promover la imagen de Cristo: “Una pasión”.

 

“La pasión”, hasta casi al final del siglo XX en Ixhuatán, sus colonias y agencias y pueblos circunvecinos, se conocía cuando en un árbol, por proceso natural, de una rama vertical nacían otras dos en forma perpendicular en cada uno de sus costados, formando una cruz; este acontecimiento era  considerado por los miembros de la familia en donde se daba el hallazgo como una bendición; a partir de ese momento se establecía una fecha, ya fuera la misma en que ocurría el hallazgo u otra que coincidiera con la celebración de algún santo católico, para la realización de los rituales correspondientes, misas y rezos en honor a “la pasión”, convivio-comida con la comunidad y fiesta-baile.


Durante muchos años, casi los mismos que duraba el árbol vivo, la fiesta de “la pasión” se realizaba de manera puntual y organizada, siempre por la misma familia, a la cual asistía la población, con las costumbres que hasta el día de hoy conocemos en Ixhuatán, los más solidarios ayudaban en la preparación de la comida y del terreno días previos al día de la fiesta;  otros asistían el mero día: las mujeres con sus limosnas –ayuda económica-, los hombres con cartones de cerveza al hombro.

 

Como toda fiesta, en el exterior de la casa en donde se realizaba las actividades habían puestos en donde se vendían refrescos, raspados de frutas y aguas frescas y gran variedad de platillos para la cena;, en algunos de ellos se cobraba el distintivo, que es el derecho a bailar en la pista para tal fin, unas veces era el cobro al entrar a la misma, y otras, cuando las parejas ya estaban bailando, al varón se le prendía a la camisa un “colguije” que distinguiera que ya había pagado su derecho.

 

No se sabe exactamente cuándo comenzaron a celebrarse estas actividades religiosas, pero la mayoría de ellas, si no es que casi todas, han desaparecido de la práctica colectiva de los ixhuatecos. De la memoria de los abuelos, he recuperado algunas de las pasiones que tuvieron mucho auge:


Pasión piñón: era celebrada por la comunidad de Río Viejo en la propia comunidad. Eran los Sábados de Gloria. Quienes iban a Aguachil en esos días, la gran mayoría en carretas o a caballo, a su regreso pasaban a la comunidad y aprovechaban la celebración para convivir con sus familiares que habitaban allí.


Pasión nanchi: era realizada por la señora Adelaida Martínez y familia en el barrio de Curtidores un día después de la celebrada en Río Viejo, el Domingo de Pascua. De igual manera, las familias que regresaban de Aguachil asistían a la fiesta.


Pasión ciruelo: era realizada por el señor Juan Fuentes en la comunidad de La curva.

 

Pasión caulote: la realizaba el señor Leo Vargas, un curandero de la comunidad de Chahuites las Conchas.


Pasión gordoncillo: celebrada por la familia Gálvez en la comunidad de Río Viejo.
 

Y un poco más hacia finales del siglo XX, el señor Melitón Fuentes, de oficio ladrillero, halló en los rumbos por donde tenía su ladrillera algo muy parecido a “una pasión”, solo que, a diferencia de las anteriores, a la altura de donde debería ir la cintura de la cruz, tenía al frente otra rama. Cuentan las historias de los viejos que Ta’ Ton le cortó una parte de esta rama para que quedara solo la cruz, pero que su mano tuvo un extraño dolor y que se fue adelgazando –secando- con el paso de los días; entonces no tuvo otro remedio -de acuerdo con varias versiones orales- que hacerle caso a un sueño que tuvo, en donde un santo le pidió llevarlo a su casa y hacerle fiestas. Así se festejó por varios años a San Vergón –o San Juan Vergón- el día 4 de mayo.


Estimado lector, el sincretismo religioso que vivimos todos los días en las acciones de nuestros coterraneos forma parte de la cultura de nuestro pueblo; lo que aquí se expresa es parte de la memoria colectiva de nuestros abuelos y padres. Está por demás aclarar que pueden existir otras versiones de los hechos, esta es solo una de ellas, de las memorias mis viejos en las que he encontrado un diálogo hermoso que me ha permitido contar y vivir un poco de la historia nuestra.

Las pasiones

(Sincretismo religioso en desaparición)

A. Antonio Vásquez

bottom of page