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18/10/2016

 

“La tierra no se vende,

se ama y se defiende”.

 

Nos dijeron en la escuela que nos preparaban para el futuro; ahora que el futuro es tan parecido al pasado, no sabemos qué hacer. Es decir, en realidad la escuela nos mintió y no nos preparó. Claro, los maestros solemos decir que los estudiantes no ponen atención. Pero los maestros no están haciendo nada ante este futuro que nos alcanzó (solo algunos. La mayoría se iba a la sombra en los bloqueos. Al parecer solo el 15 % asistió a los bloqueos).

 

Quizá la escuela tampoco sabía que al futuro a veces le gusta jugar y pasar por el pasado; a la historia le gusta hacer bromas y nos pone de nueva cuenta ante aquello a lo que le cerramos los ojos.

 

Hace poco más de 500 años salvamos de la muerte a un estúpido borracho; eso sí, aventurado navegante llamado Cristoforo Colombo. Debimos haberlo sacrificado a los dioses aunque siguiéramos siendo pecadores irredentos. Porque seguimos siendo pecadores, y ahora llamados mundanos por algunos privilegiados que se codean con el dios de su religión.

 

Pecadores o no, irredentos o mundanos, detrás de aquel pestilente hombrecillo vino la invasión. La destrucción, la imposición de pensamientos, formas y un saqueo de todo cuanto había sido parte de nuestra vida fue parte de esa historia. Se robaron nuestro oro, nuestra plata, nuestros bosques, nuestra tierra, nuestra historia misma, y aunque los quisimos expulsar siguen gobernando.

 

Hoy la descarada historia nos vuelve a pasar por el mismo lugar y nos ofrece el desarrollo. Ante la oferta de salvación del alma, ahora se hace necesario salvarte del calentamiento global y salvarte del atraso educativo y económico en que se encuentran nuestros estados. La salvación a la necesidad de empleo, a la necesidad de no ser marginados es una nueva religión.

 

Detrás del desarrollo, como en cada escrito menciono, viene la destrucción, la muerte, el sometimiento.

 

A decir del ingeniero Juan Carlos Delgado, en la zona Oriente del Istmo de Tehuantepec existen 3 mil productores de mango que han generado 40 mil empleos por temporada. Se tienen estimados 20 mil pescadores en el sistema lagunar y 30 mil 68 hectáreas de maíz, sorgo, sandia, ajonjolí, melón y otros productos. Todo esto se quiere cambiar por mil 500 empleos en la minería a cielo abierto.

 

Sugiero que debemos reconocer que la mayor economía la genera el monocultivo de mango, como también se debe reconocer que ha sido el principal responsable de la muerte de nuestros bosques naturales, de la disminución de las lluvias y de los productos del mar.

 

Es decir, trabajo tenemos, espacio productivo tenemos, inventiva para ganarnos la comida también la tenemos. ¿De qué nos van a salvar? ¿Cuál es la necesidad de crear una Zona Económica Especial (ZEE) en el Istmo de Tehuantepec? ¿Especial para quién? ¿A quién le preguntaron si queremos su ZEE? Resulta que para que la economía crezca los pobres debemos dar nuestro territorio a los empresarios para que ellos ganen. Además los van a premiar disculpándolos de los pagos hacendarios que nosotros sí hicimos. ¿Quién es tan estúpido para creer eso? ¿Quién en su sano juicio puede obedecer eso como ley?

 

Pero detrás de este desarrollo que nos salva vienen los mismos invasores a llevarse el oro, la plata, el cobre y lo que encuentren dejando una montaña de contaminantes que escurrirán por nuestros campos y mares hasta matarnos.

 

La unión de mineras y eólicas más la invasión de Oxxos y otras muchas empresitas es lo que se pretende como ZEE. Eso es lo que se quiere implantar. Detrás de esto está la muerte de nuestro sistema lagunar, de nuestro sistema de producción.

 

La información que ahora se está dando en Ixhuatán ha sido importante. Se han unido al sistema de producción de mango los pescadores, ganaderos, profesores, escuelas, ejidos, y se abre la posibilidad a otros sectores a quienes se visita en sus propios locales.

 

Al presidente no. Finge demencia al decir que no le han invitado, que él no sabe, que no se acuerda de que hace tres años la prepa le puso una manta en el parque diciéndole que no cambiara el uso de suelo. NO. No era para él, pero como se la adjudicó entonces debía recordar que para defender al pueblo no se necesitan invitaciones ni discursos; algunas veces se necesitan manifestaciones.

 

A todo esto, la historia nos pone ante el espejo del pasado (como escribía Ivan Illich). Nos pregunta: ¿qué se hace ante alguien que trae la intención de invadir? ¿Qué se hace ante el que trae la intención de matar? ¿Qué se hace, desde dentro, para salvar la vida de tu hábitat? ¿Cómo reconvertimos nuestro sistema de producción en un sistema de reproducción de la vida?

 

Los Ixhuatecos en Defensa de la Cuenca del Río Ostuta tienen ahora una larga lucha que librar, pero también una reflexión interna que hacerse. Luchar no solo es deshacernos del enemigo externo. El enemigo externo siempre vuelve. A veces cambia de nombre, se junta con otros y vuelve nuevamente.

 

La lucha necesita someter al enemigo interno, al enemigo voraz que busca más ganancias, al enemigo que busca poder, a aquel que se impone en la elección, a aquel que no escucha al que no tiene tierra. Debe dominar su cerrazón de ojos frente a aquel que no sabe leer, que no sabe expresarse, que no sabe pedir. A aquel que representa nuestra vergüenza, a aquel que se es netamente indígena y por tanto un estorbo.

 

Por lo pronto hay agenda. El próximo 28 de octubre les invitamos a que nos veamos para recibir información acerca de cómo hacer un amparo como una de las vías legales de lucha y después, si acordamos entrarle, todos y todas están obligados moralmente a informar y juntar firmas por todos los caminos, casas, agencias, barrios, colonias, rancherías; esos sí, con copia de credencial para ir a decirle al gobierno que no, que jamás entregaremos el territorio. Que para eso, dice el Himno Nacional, “un soldado en que cada hijo te dio”.

 

El 20 de noviembre están todos y tordas invitados a subirse al desfile y portar pancartas, aparato de sonido, machetes y herramientas de trabajo y a gritar todas las consignas que se sepan. Vamos a conmemorar nuestra revolución. Vamos a hacer un ciclo más de nuestra historia.

Pequeñas lecciones de historia desde abajo

Manuel Antonio Ruiz

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