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29/11/2015

 

Desconozco cuándo se avecindó en Ixhuatán la planta de jamaica, que, como bien se sabe, su flor es utilizada para elaborar aguas frescas, la cual, se dice, tiene propiedades medicinales, entre las que destacan ser diurética, antihipertensiva, laxante y antiparasitaria.

 

En 1980, mi padre me contó que en la Isla de León, en el rancho de mi tía Julia para ser más precisos, la jamaica crecía silvestre desde tiempos inmemoriales. Si no me traiciona mi memoria, fue a finales de esa década cuando en el pueblo la gente comenzó a usarla para preparar bebidas refrescantes, cierto que solo en contados hogares por ser su precio alto y porque se tenía a mano frutas endémicas. “Traen la flor de jamaica de Juchitán o Oaxaca”, oí decir en ese tiempo.

 

Por esos mismos años 80, el estropajo –otra planta que por acá crecía silvestre encima de alambradas, bardas y en la ribera– aún tenía demanda, aunque sus días ya estaban contados, víctima no del zacate de ixtle, sino del de plástico. De la arena fina para tallar el cuerpo ya nadie se acuerda porque ahora son pocos los que van al río a bañarse y muy pocos saben que sirvió como estropajo.

 

A mi parecer, el gusto por el agua de jamaica –que Esther Zuno de Echeverría popularizó en las recepciones de Palacio Nacional entre 1971-1976– no ha calado en el gusto de los ixhuatecos no solo por lo que ya se dijo, sino porque la horchata de arroz fue hasta no hace mucho el agua fresca preferida en los festejos públicos y privados. Ello fue así hasta que las gaseosas invadieron el mercado, y son hoy, sin duda, amas y señoras en tales eventos.

 

La horchata de arroz se posicionó en los años 70 una vez superó públicamente a la “chipiona” –agua de limón pintada con carmín verde, tan vistosa en las películas de Pedro Infante–. En ese tiempo, las familias consumían aguas frescas de frutas que se cultivaban en el terruño: naranja, sandía, melón, tamarindo, guanábana y mango, entre otras. En los últimos tiempos también se consume horchata de avena por gozar esta de fama de bajar los niveles de colesterol en sangre.

 

En los dos últimos años han penetrado en el pueblo aguas frescas “exóticas”, como el maracuyá, estrella o carambola, noni y chía. La elaborada con estrella o carambola –que  comenzó a cultivarse en nuestras tierras hará cosa de 10 años– ha sido muy exitosa. El de noni fue un rotundo fracaso no obstante haber llegado precedida de enorme fama por curar muchos males. Hoy solo alimenta a los pájaros, iguanas y guelas, por lo menos en la casa donde yo vivo. De dos años para acá el rambután es consumido con bastante éxito y ya comenzó a cultivarse en nuestra tierra.

 

Ahora bien, ¿a qué se debe que traiga aquí a colación las aguas frescas consumidas en el pueblo? Se debe a que mi intención es contar lo que me dijeron varios hombres en relación a la sequía que “El Niño” nos trajo consigo este año. En conversaciones tenidas respecto de si había o no cesado la temporada de lluvias, tres personas me contestaron: “Mientras no se abra la flor de la jamaica, lloverá”.

 

Hace muchos años, en un momento en que los días sin lluvias se prolongaron, escuché decir lo mismo que ahora, solo que ya lo había olvidado, por lo que no recuerdo si la predicción fue acertada esa vez. Así que en esta ocasión he estado atento para corroborar o descartar la hipótesis porque yo, sabedor de que “El Niño” iba a hacer de las suyas, he vivido con mucha preocupación la sequía, máxime cuando en el pueblo desde el mes de agosto –“cuando la necesidad aprieta y se piensa hasta en vender el santo”– comenzó a derrumbarse la economía. Por fortuna los docentes que aquí laboran no han dejado de trabajar un solo día –ello gracias a la reforma educativa, se rumora–, por lo que ese pilar económico se sostiene incólume.

 

Cómo no va a haber problemas económicos si las cosechas de sorgo se malograron por culpa del pulgón amarillo, mientras que a las de maíz simplemente les hicieron falta agua. Ni qué decir de los pescadores que regresan del mar con dos o tres kilogramos de camarones, solo para el sustento familiar y a veces ni siquiera para eso. El  poco ajonjolí que se sembró parecía salvar la temporada. “El año próximo va a estar muy duro: están en peligro las cosechas de frutas y el hato ganadero puede dañarse severamente”, le dije a varias personas que convinieron conmigo en que así sería de no llover.

 

Si bien es cierto el Servicio Meteorológico Nacional avisó que el 30 de noviembre finaliza el periodo de ciclones tropicales en el Pacífico, en Ixhuatán muchos vivimos el día a día del tiempo contemplando las fases de la Luna; el movimiento de los animales y los insectos; la aparición súbita de sismos y vientos; la intensidad de los calores y cuanto fenómeno extraño ocurre en derredor nuestro. A esta hora ninguno ha atinado porque las lluvias, a partir del 31 de octubre, aunque comenzaron a presentarse, fueron escasas, tanto que no lograron matar el calor. Así también los nortes, típicos de ese mes, no se presentaron con la puntualidad de otros años y, después de andar errabundas por unas horas en el pueblo, se dispersan cual ganado vagabundo de mejores tiempos.

 

Este noviembre ha llovido mucho más que otros noviembres en que habitualmente no llueve nada. Ha habido también nortes repentinos que una vez se van dejan que el calor mayor de 30 GC siga enseñoreándose. Todas esas contradicciones del clima han hecho que muchos pronosticadores del tiempo queden mal parados, quizá porque ahora se dejan guiar más por la televisión que por una observación atenta y cuidadosa del ambiente. Y pensar que hay quienes aseguran que el cambio climático es una patraña de los gobiernos todopoderosos del mundo.

 

Así, pues, ante la interrogante: “¿Ya se despidió el tiempo de lluvias?”, nadie se atreve a pronosticar con la afirmativa, se prefiere un “¡quién sabe!” para no errarle tanto. Y cuando se presentaron días de lluvias frescas –que echaron a perder las pocas siembras y el ajonjolí que aún no se había cortado y que tan ilusionados tenía a sus cultivadores–, muchos nos alegramos porque, si bien es cierto afecta a unos, favorece a muchos más, los pescadores en primer término. Si a unos les va peor tarde o temprano todos saldremos afectados.

 

A esta hora no he sabido si la flor de jamaica ya floreció, ya que no sé quién la esté cultivando en el pueblo. Yo hace años la cultivé en el patio de la casa, pero jamás se me ocurrió fijarme en ella más allá de la “fealdad” de la planta y la belleza de su color. Ahora que lo pienso, deberíamos los ixhuatecos cultivarla y tener en ella una fuente de ingresos junto con el cultivo del estropajo, por ejemplo.

 

Sueño que llueva, y por eso creo que lloverá, a pesar de todas las señales en contrario. Me apoyo en que las aves migratorias no han emprendido el vuelo –cual mariposas monarcas– ni a los zopilotes se les ha visto volar muy alto sobre el pueblo, señales ambas de que el tiempo de lluvias ya cesó. Tampoco han sobrevolado el pueblo los gavilanes.

 

Busco señales que me indiquen que no tendremos un mal año 2016. Así, recuerdo que el año pasado pernoctaron en las cercanías de mi domicilio miles de zanates –que quizá vinieron a avisarnos de la sequía de este 2015–, pero que este año ya no aparecieron. Las urracas, algunos  zanates y muchas otras aves se les ven hambrientas, ya que se atreven a entrar a los corredores de las casas en busca de comida. Sufren las carencias por falta de cosechas e insectos como libélulas y mariposas, así yo haya visto en manos de dos centroamericanos unos chapulines enormes y hermosos que supuse asarían para comerlos. Estos migrantes, por cierto, no hay día que no pasen a los domicilios pidiendo una moneda, un taco, calzado y ropa. Solo una mujer vestida de huipil y enagua ha pasado en casa pidiendo “socorro para santuario de Esquipulas”. “¿Habrá bajado el rating del Cristo negro de Guatemala?”, me digo mientras recuerdo que recientemente por lo menos 2000 mormones renunciaron a su iglesia por no adecuarse esta a los nuevos tiempos, en donde debe prevalecer la tolerancia de género.

 

Lo que sigue empecinado en manifestarse son las miríadas de mosquitos que persiguen ojos, nariz y oídos, que desde julio llegaron, al parecer para quedarse. Igualmente los zancudos habituales y los Aedes aegypti, que solo están a la espera de que un humano traiga el zika desde Querétaro, que es en donde se ha detectado el primer caso de dicha enfermedad viral que tuvo su origen en África en 1947 y de la que seguramente en redes sociales se dirán muchas cosas descabelladas, tal y como se dijo del chikungunya. Por lo pronto, ya estamos esperándola y confiamos en que esta vez la Secretaría de Salud reaccione más rápido y no como lo hizo con el chikungunya, que solo recientemente recomendó fulminarlo si uno se encuentra con él. Mal que, por cierto, solo da una vez.

 

Por lo pronto, los dolores crónicos del chikungunya se han presentado en quienes lo padecimos, ahora en forma de artritis, haciendo efectivo que el mal dura hasta un año, si no es que por más tiempo. Casos de herpes zoster aumentaron en este año, así como ha habido un pequeño brote de tuberculosis, todo ello producto de las condiciones de vida.

 

No todo es sombras en Ixhuatán, hay también belleza diáfana. Los cielos, por ejemplo, son más azules y espectaculares, acompañados a veces por unas nubes blancas que parecen recién  lavadas con cloro. Los ocasos están a la vista de quien quiera verlos. El verdor de las plantas enamora y encanta. Qué decir del aire tan lleno de oxígeno proveniente de Los Chimalapas, lugar de donde el río Ostuta toma su agua cristalina de este tiempo que lo hace lucir espectacular. Y, aunque el último norte nos trajo polvo, todos gozamos del frío que por el mismo precio venía incluido.

 

Así, pues, hay que esperar a que finalice noviembre para hacer el último balance del tiempo de aguas. Solo hasta entonces veremos a qué debemos atenernos el próximo año. Por lo pronto, los precandidatos a la presidencia municipal comienzan a mostrar músculo: aquel que da el dinero, las influencias partidistas y los amarres que en la política son imprescindibles. Vi de lejos a tres precandidatos: uno soberbio como él solo y a otros dos humildes como si no quisieran molestar a nadie. Ya se alistan todos aquellos que lucharán entre sí, y ganará el que sea más ambicioso y adinerado, de eso no hay duda. Yo solo espero que no se nos conviertan en una plaga en 2016, año en que la gente necesitará dinero si ya no llueve y por lo mismo estará propensa a vender su voto, si no es que aún no lo ha comprometido.

Panorama ixhuateco

Juan Henestroza Zárate

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