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Con gran cariño a

Ulvia Delgado,

catequista y animadora de la comunidad

 

Hasta los años 70, aún los teóricos discutían si se necesitaba revolución o evolución. Sobre sus teorías llegó la Guerra Fría y la guerra sucia mexicana, los dictadores volvieron a  subir, se estudió la guerrilla, la contraguerrilla, y la guerrilla llegó al poder y tomó el mismo papel de sus antecesores: se puso a perseguir a sus compañeros que no llegaron con ellos al poder, es decir, al pueblo pobre.

 

Tengo un sentimiento, mientras escribo, de que está pasando aquí lo mismo. Escribimos sobre algunas necesidades y el nivel del diálogo, sobe honrosas excepciones se queda en la forma sin llegar a dialogar el contenido de los mensajes que se lanzan; mientras tanto, el poder sigue su curso normal, y sus seguidores, el sometimiento normal. Esto llevó a algunos compas a la acción: Manuel Pérez*, Camilo Torres* y otros muchos que en esa época tomaron el camino de las armas.

 

En este momento también considero que  los textos que hasta ahora hemos escrito van dirigidos a un público y son comentados por otro público que desea leer algo diferente sobre Ixhuatán. Es cierto que muchos de los que leen críticamente y opinan no están en las redes sociales virtuales, y, si lo están, se abstienen de comentar porque seguramente es peligroso para sus vidas.

 

Hoy los discursos políticos resuenan diciendo que los violentos secuestran las marchas, cuando sabemos, quienes hemos estado en ellas, que en muchos casos los que pintan, rompen cristales o lanzan bombas son los infiltrados para culpar a los manifestantes de desórdenes y mostrar con esto que no tienen razón en su protesta. Claro está que en nuestras propias filas, ya enardecidos, también sacamos la violencia que llevamos dentro. Si es justificable o no le toca a la historia decidirlo.

 

Ante los discursos, las acciones de desprestigio y las inoperancias de unos y otros, algo duele, y considero que es el dolor un punto básico que nos puede llevar a otro nivel. Los teóricos latinoamericanos han dicho que después del dolor llega la indignación ética, es ética porque te lleva a una acción en favor de quienes sufren. Sentir o no sentir el dolor es lo que hace la diferencia.

 

Hay dolores que pueden ser fuertes, aquí una pequeña lista:

 

  • Duele un pueblo que expulsa a sus jóvenes, a sus intelectuales y los lanza a enriquecer a los que ya de por sí tienen dinero.

  • Duele un pueblo que no genera empleos por sí y vive a expensas de la inversión de fuera.

  • Duele un pueblo que no mejora en educación porque los educados no regresan o en la medida de lo posible no realizan acciones suficientes en la comunidad.

  • Duele un pueblo que no se autogobierna, sigue dependiendo de los que han salido a aprender otras costumbres sin guardar su identidad y, por tanto, sin saber adaptar lo aprendido a las situaciones de su pueblo.

  • Duele un pueblo que ha dejado morir su lengua.

  • Duele un pueblo que no se permite tener una escuela más y se cierra las posibilidades argumentando que le afectará en su área de influencia. Pareciera que su poder es más importante que la decisión de un grupo de padres de familia (hablamos de la telesecundaria que ya está en operación en la colonia Lázaro Cárdenas. No es el mejor modelo, es claro, pero es un centro formativo).

  • Duele un pueblo que no se da permiso para trabajar por el bien de la comunidad.

  • Duele un pueblo que está dejando morir su río, que es de lo que más se enorgullece.

  • Duele un pueblo que ha dejado morir su comida.

  • Duele un pueblo que se enfrenta a sí mismo en lugar de buscar espacios de consenso para construir juntos un nuevo camino.

  • Duele un pueblo que no se consulta, pero que tampoco está en condiciones para decidir su futuro conjuntamente.

  • Duele un pueblo que no es capaz de llamarle la atención a sus autoridades cuando no responden al mandato que les fue confiado (hablo en retrospectiva, pero, sobre todo, a futuro).

 

Estos dolores quizá para algunos sea la referencia de haberse desarrollado, de haber salido del atraso, de haberse civilizado; pero esa evolución ¿ha valido la pena? ¿Ha aumentado la calidad de vida de la mayoría? (Calidad no en sentido de posesión, sino sentirse felices con lo que tienen) ¿No será que no sentir ese dolor es señal de haber perdido sensibilidad?

 

La sensibilidad o la capacidad de sentir a través de los nervios, de percibir los estímulos de la vida es lo que genera un equilibrio con la naturaleza, con la vida; en el momento en que el equilibrio se empieza a dañar empezamos a enfermarnos, lo primero que sentimos se le llama estrés[3], y después viene la enfermedad (hablamos de las psicosomáticas, por supuesto). Este equilibrio, pues, nos da la posibilidad de percibir el dolor.

 

Un nivel es el dolo propio, de cualquier índole: cuando nos lastimamos la piel, cuando un amor se ve alejado, cuando nos sentimos traicionados. Otro de los niveles de este dolor, que algunos consideramos como conciencia social, es sentir el dolor de otro, y a un nivel mayor proponemos el sentir como propio el dolor ajeno. En este nivel se inserta la acción, lo que va más allá de la solidaridad. Un nivel que se coloca dentro de las esferas del amor sin condiciones.

 

Pero esto que se reconoce de esta manera es lo que se ha escrito dentro del contexto occidental, y su respuesta es la participación.

 

En nuestras comunidades latinoamericanas, dentro de los pueblos que se mantienen en resistencia a esta participación se le llama tequio, trabajo comunitario, servicio a la comunidad.

 

Participar en la comunidad:

  • No es aplaudir a quien hace algo, aunque hace falta el aplauso para motivar la acción.

  • No es dar dinero al proyecto, aunque hace mucha falta a los proyectos autogestivos.

  • No es aplaudir a Juan Henestroza por haber publicado libros.

  • No es aplaudir al maestro Clemente por la radio Guidxiyaza.

  • Participar no es aplaudir a Nachito por haber llegado tan alto.

  • No es aplaudir a la maestra María Luisa por su diputación.

  • Y un lago etcétera que añadir.

 

Participar es hacer y reconocer aquello que se hace por el bien de la comunidad, aunque no esté dentro de nuestra lógica conceptual.

 

Saludamos con gusto y esperanza a:

 

  • A Eliú Osorio (en otro momento a Cuco y Pablo) por promover y fomentar el deporte en diversas edades desde el campo Pirata.

  • A Cuco (que no conozco su nombre completo) y su familia por recuperar espacios en el río y mantener su vivero.

  • Cecilio Pineda, los padres y los jóvenes que se aventuraron a apertura la telesecundaria en la colonia Lázaro Cárdenas, aunque haya de por medio amenazas.

  • Al profesor Clemente Vargas por el proyecto tortuguero.

  • A Leonel Gómez por lanzarse al desazolve del río sin recursos monetarios, pero sí el recurso humano de los hombres y mujeres de su municipio y con las amenazas de las autoridades que debieron hacerlo.

  • Al (o la) maestro de ciencias en la secundaria Alfonso Luis Herrera por su campaña para reducir la basura en el río.

  • A las maestras y maestros que destruyeron un bonito desfile para hacer sentir como propio el dolor ajeno.

  • A quienes se resisten a entregarse a sí mismos, a si tierra y territorio.

 

Participar, en la acción, es hacer revolución.

 

 

¿Qué puedes hacer por ti y por tu comunidad?

 

 

 

*Sacerdote español y jefe del Ejército Liberación Nacional (ELN).

 

**Camilo Torres Restrepo fue un sacerdote católico colombiano, pionero de la Teología de la Liberación, cofundador de la primera facultad de Sociología de Colombia y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional.

 

***El estrés (del griego stringere, que significa «apretar») es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. Síntoma provocado por alguna situación en problema, los síntomas son algunos notables como el nerviosismo (temblar) o estar inquieto. Otros no son tan notables, como la aceleración del corazón, las pupilas dilatadas, la sudoración, la piel se torna ribosa y se erizan los vellos de la piel (como brazos o piernas).

Participación

Manuel Antonio Ruiz

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