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No es lo mismo haber nacido en Ixhuatán que ser de Ixhuatán, así como no es lo mismo tener un hijo que ser madre. Tengo muy presente que desde niña siento un enorme orgullo por haber nacido aquí y ser de aquí. No me siento ixhuateca solo de nacimiento, sino que también de corazón.

 

Ixhuatán significa para mí madre y padre a la vez, pues es quien me ha dado la vida y quien me ve crecer. El que sufre, llora y se lamenta los tropiezos y la ingratitud de sus hijos. Pero a la vez ríe, canta y celebra los éxitos de estos.

 

Con su flora y su fauna me ha alimentado, con el agua del río me ha calmado la sed y con las olas del mar me ha limpiado. En sus calles aprendí a caminar, en el templo de la Virgen Candelaria me enseñaron a rezar, en Ixhuatán también me enamoré y sé que ahí también me moriré.

 

De pronto hice una pausa y pensé: “Ixhuatán, si yo soy tu hija, ¿qué te he dado como tal?”. De seguro pura muina, y con tus fuertes vientos me has regañado; sin embargo, no te he escuchado. A lo mejor ya te sientes viejo y es hora de que cuide de ti y te alimente con plantas y animales, que purifique el agua del río para que la puedas beber, que limpie tu playa y te puedas bañar.

 

¿Acaso mis hermanos no te ven? Envejeces con el tiempo y muy lentamente estás muriendo. Tu agonía es la contaminación y tu lamento es el calor; ambos cada vez son más intensos y no hay doctor ni medicina que te cure porque tus hijos aún no somos universitarios y en tu educación básica gobierna la competencia, así como en tu "seguridad", la delincuencia, y en tus hijos mayores, la mentira y las promesas.

 

Ixhuatán, no quiero que te mueras, aún te falta conocer a mis hijos, aún faltan quienes sí te quieran.

¿Qué significa para mí ser ixhuateca?

Alhelí Ruiz Fuentes

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