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21/4/2016

 

Una de las convivencias más bonitas en algunas familias ixhuatecas era sin lugar a dudas ir en busca de sal natural –conocida también como sal papayaste– a algunos lugares como los fueron Laguna Camarón, Cono y diferentes esteros. Cuando se aproximaban los meses de marzo y abril, mis tíos hacían la invitación para este propósito. La sal se podía obtener en abundancia toda vez que el sol hacíaa su tarea especial de evaporar el agua de las  lagunas camaroneras, y lo que quedaba era una capa gruesa de sal; esta era aprovechada por las personas para ser usada en el cocimiento de los camarones o en los alimentos de los bueyes, caballos  o vacas. Las personas casi no usaban la sal fina de mesa que ya viene industrializada.

 

La aventura sonaba interesante por el solo hecho de escuchar la palabra de mar. Nos alegrábamos mucho por contemplar el paisaje, escuchar a los animales del monte, ir con la resortera iguaneando por diversos parajes. Era una vivencia indescriptible.

 

–¡Apúrense, chamacos, porque no tenemos mucho tiempo! ¡Ya se escuchó el retumbo de la boca barra de paredón! ¡Ya no tardara en llover! ¡También ya me dijeron que la repunta está subiendo mucho, y, si no nos apuramos, vamos a comer mierda y ya no alcanzaremos nada! ¡Ándele, andando! –la expresión de mi tío Florentino invitaba a echarle ganas.

 

Salíamos desde las 4:00 de la mañana para empezar aquella tarea extenuante. Cada uno  tenía que llenar cinco costales de sal. Ya pasada la tarde, era todavía más pesado el retorno porque lo hacíamos caminando, ya que las carretas venían repletas de costales llenas de sal papayaste. Tomábamos el camino del Rodeo, ya caía la tarde, el canto de los zanates y de otras aves contrastaban con el rechinar de los ejes de las carretas. Nuestros pies descalzos –adheridos a él–, la tierra yucuela y los rastros de la salitre hacían una capa gruesa de mugre que conformaban un traje perfectamente diseñado por el sudor y la tierra. Al regresar a nuestra casa, eso era lo que cargábamos.

 

Reflexión: ¿qué va a pasar el día en que se concreten los proyectos de las salineras en nuestras lagunas camaroneras? Es realmente de suma importancia el análisis sobre el impacto ambiental que tendrán esos proyectos si se mide el daño al ecosistema y biodiversidad del último bastión ecológico que nos queda a los ixhuatecos (la Isla de León). Los presidentes municipales que tengan esta responsabilidad en sus manos deben considerar y no anteponer cualquier interés económico a cambio de estos lugares maravillosos en donde los paisanos de nuestra comunidad van en busca de comida.

Vamos en busca de sal

a Laguna Camarón

Clemente Vargas Vásquez

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