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No confundas la ayuda con la limosna.

Deya Aquino

 

¿Alguna vez se ha detenido a observar en la calle de Independencia, esa que corre del Ostuta al panteón, qué pasa por un lado de la iglesia y el mercado? Mire el sol en los equinoccios (primavera y otoño) o bien después del 21 de marzo y antes del 23 de junio o después del 22 de septiembre y antes del 21 de diciembre. Observará usted que el sol se alinea en esa calle. No, no es casualidad, está bien pensado y vincula la cosmogonía de los ikoots, primeros pobladores de Guidxiyaaza, con una cultura relacionada con el mar, y por eso la observación de los astros era cuestión de supervivencia. El mar no perdona.

 

Pues esta alineación permite observar la muerte y la vida como dos cosas vinculantes y entrelazadas, algo que hoy ni reparamos siquiera en pensar. Pues en los equinoccios observará en las mañanas que el sol sale bien alineado a esa calle y se ocultará irremediablemente por el lado oeste de la misma forma. Vida y muerte; agua como dadora de vida, el río; la muerte como parte de la vida, el panteón. Quienes lo hicieron quizá no lo contaron o se perdió en nuestra memoria. Pero obsérvelo y verá lo que le digo.

 

Sorprende que esa calle respete la inclinación del eje de la tierra -23 grados 5 minutos, nos dijeron en la escuela-, googléelo y encontrará esto: “El eje terrestre o eje de la tierra (o también eje polar) es la línea imaginaria alrededor del cual gira la Tierra en su movimiento de rotación. También se la denomina línea de los polos. Los extremos de este eje se llaman Polo Norte Geográfico (PN) y Polo Sur Geográfico (PS). Está inclinado 23º5' sobre la normal al plano de la eclíptica. El eje terrestre mide 12713 km. El eje terrestre define también los polos celestes, pues son los dos puntos imaginarios en los que dicho eje corta la esfera celeste, esfera imaginaria de las estrellas.

 

“La orientación del eje no permanece fija sino que varía cíclicamente con un período de unos 25.767 años, este movimiento se denomina de precesión de los equinoccios. En el año 14000 el eje terrestre apuntará a Vega y en el 22800 a Thuban. Además de este amplio movimiento el eje terrestre sufre otro movimiento de bamboleo, de período más corto (18,6 años) llamado nutación. En una vuelta completa de precesión (25.767 años) la Tierra realiza más de 1.300 bucles de nutación. El movimiento de nutación de la Tierra fue descubierto por el astrónomo británico James Bradley”. Cito a Wikipedia. Es sorprendente que los antiguos ixhuatecos supieran de esto. Faltaban muchísimos años antes de los satélites, y hasta Ixhuatán llegaron las matemáticas de los ikoots y los zapotecos, esos que alinearon perfectamente de norte a sur Monte Albán, con lo que compensaron esa inclinación terrestre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Ostuta siempre fue respetado: los límites para poblarlo fueron claramente delimitados, nadie podía poner una casa en sus tierras bajas, donde hoy se ubica el Barrio Ostuta, nadie más allá del panteón, nadie más allá del vado de la entrada del pueblo, no más del panteón y no más de la escorrentía que pasa a un lado de lo que hoy es Curtidores y la escuela 12 de octubre. Pero no, no hacemos caso y allá vamos a ponernos, pensando que el agua y la naturaleza no tienen memoria y ciclos, y nos pasa lo que pasa en cada periodo de lluvias. No respetamos el agua.

 

El agua estuvo en el origen de la vida (a veces se nos olvida). El agua ha atraído a la humanidad y se han asentado juntos. Cualquier mapa lo dice.

 

El agua, que es vital en los procesos de la vida, es un elemento despreciado y también sirve de justificación para cuanto proyecto de uso personal se documente con dineros públicos o ajenos. Casos sobran, el más cercano el del foro ecológico que usa el Río de los Perros (nutrias) para justificar lo primero. El agua sirve para matar a comunidades, como en Colombia http://youtu.be/Pw5atUNNTMY, y envenenarlas, como en Sonora. Y la que sobra se la quedan políticos, como su gobernador.

 

El agua, esa que Korenfeld quería privatizar y que toma receso gracias a un helicóptero y una lente oportuna, será el detonante de futuras guerras. Pero eso no nos importa a pesar de tener una de las cuencas vivas más saludables de todo el país. Ese río es vilipendiado, desafiado, traspasado los límites que nuestros ancestros respetaron. Todos sabían. Que los terrenos bajos o chahuiteros se cultivaban en las secas y el zapalote chico florecería con la humedad residual y tendríamos una segunda cosecha. La vela de la Candelaria confirma que las fiestas, como muchas cosas antiguas, celebran la tierra, la cosecha y, vuelta a lo mismo, la vida.

 

A principios de mayo, la gente de Ixhuatán ya tenía en sus trojes y tapancos el maíz, la sal, el frijol andalón, la calabaza y la carne seca y pescado igual, sabiéndose que la etapa dura de las lluvias no podrían agarrarla sin comida. Mera cuestión de sobrevivencia, pero también volvía a los nuestros independientes del exterior. Se observaba el cielo y, dependiendo del lugar del que provinieran las nubes, las posibilidades de lluvia eran muchas o nulas (leer “Los hombres que dispersó la danza”, de Andrés Henestrosa, le dará cuenta de esta cosmogonía), y sobre esa base, así el temporal durara semanas y era imposible salir, la comida no escaseaba y se podría vivir en convivencia con la naturaleza, entendiendo los ciclos y respetando los tiempos para cosechar y recolectar.

 

Hoy, con alertas tempranas, la gente no toma en cuenta la naturaleza, como si la tecnología y el exterior resolvieran todo. Se espera ser damnificado para tomar la limosna que políticos oportunistas dan. Nadie se ocupa de contar con reservas para tiempos difíciles, y, cuando la ayuda del exterior no llega, el caos asomará su rostro. Hoy Tabasco, Acapulco, Cancún y Los Cabos ya han dado muestra de lo que como sociedad somos capaces cuando no hay tejido social. Los ixhuatecos, sin quererlo y a veces con intención, hemos abandonado nuestras prácticas y vamos directo al despeñadero.

 

Ringlera: ¿alguien lleva un recuento de los días que nos falta para que las eólicas nos alcancen?

 

Puedes escribirme en Twitter: @joselito_luna.

Tres microhistorias sobre Ixhuatán

Joselito Luna Aquino

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