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Una luz de esperanza en el camino

Manuel Eugenio Liljehult Pérez

2/11/2016

 

Muchas reflexiones atracaron mi mente, y no pude detenerme para escribir lo que pienso esperando estar equivocado. Ruego a Dios que así sea.

 

Me vi caminando por las calles de Ixhuatán y Reforma de Pineda, montado en un sueño, levitando entre la realidad y el engaño de mi subconsciente. Entre cadáveres de beligerantes, inertes; con la realidad oculta en la negligencia. Solo en el horizonte se veía una luz de esperanza, maquillada, por la sombra de la luna.

 

Hoy tenemos que anteponer una realidad a nuestras acciones de resistencia. Estamos sobre una riqueza ambicionada, y es preciso analizar que para los invasores la vida de varios miles de ciudadanos no vale nada. La riqueza que obtendrán las multinacionales mineras y quienes les permitan instalarse será enorme. No soy vidente para saber lo que se nos avecina: un apocalipsis probablemente regional para quienes hemos vivido la paz de nuestra pequeña patria de un México desvastado con autoridades sin escrúpulos.

 

No sé si me quepa la razón, pero tampoco soy un antagonista ni alarmista de las mentes optimistas ante una lucha justa. Sabemos, y la historia no nos dejará mentir, cómo se anteponen intereses de privilegios a quienes ostentan el poder. Incluso se usa la fuerza militar para lograr sus fines.

 

Pero no caigamos en el sometimiento del más fuerte, porque las masas se inclinan más fácilmente hacia el que domina que hacia el que implora. No imploremos ni negociemos nuestra región porque más tarde que temprano estaremos sometidos de rodillas y no podemos repetir otros 500 años arrastrándonos para seguir pidiendo a cambio de espejismos y promesas incumplidas. Porque pedir ha tenido un costo histórico de dictadura maquillada de democracia, mejor exijamos y ofrezcamos cuando así sea necesario, pues el oro es efímero, pero tu dignidad es eterna.

 

No vayamos tan lejos y tomemos como ejemplo lo sucedido en Ayotzinapa con la desaparición de 43 normalistas, donde una de las causas, según el libro de Francisco Cruz Jiménez “La guerra que nos ocultan”, se encuentra en el trabajo de transnacionales mineras que han hecho suyo el cinturon de oro desde Tlatlaya, Estado de México, hasta Guerrero. Como es de esperarse, los abusos hacia nuestra sociedad istmeña estarán de manifiesto de prevalecer el proyecto.

 

Ahora pretender promesas de empleos para la región es una simulación muy perversa ante la ignorancia de algunos, ya que nuestros pueblos han sustentado sus necesidades a través de la ganadería y agricultura con ganancias que no se podrían comparar con la explotación de que serán objeto como mano de obra barata anteponiendo antes que nada intereses mezquinos.

 

No me queda la menor duda de que los daños no serán menores, además de usar medios fuera de todo respeto por la vida humana, como la delincuencia organizada para lavar sospechas y mostrar un gobierno justo que respeta los derechos humanos. La intervención del Ejército como medio de represión es un medio más, y creo que estamos consientes hasta el ultimo de los que están en esta resistencia.

 

Desconozco los planes y los medios de los que se valdrán para buscar el amparo de la justicia por vías legales, pero sé que hay un poder de manifiesto que rompe todos los esquemas de legalidad: el dinero… así esté en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

Todo movimiento trascendental en el mundo se ha debido, generalmente, más a defender un territorio en condiciones vulnerables cuando se sospecha de esclavizar, explotar y destruir el medio ambiente. Hay grupos étnicos que a través de la historia han coexistido con la naturaleza y se han protegido además de depredadores de fauna y de madera local. Inexplicable sería también no ver una reacción social como está ocurriendo y dejarse deslumbrar por el brillo del oro a cambio de una sociedad que estaría expuesta a contaminantes que provocarían un genocidio generalizado.

 

Toda tentativa por una causa es válida cuando se trata de conservar nuestro planeta, y si quieren definirlo como un legado de Dios seamos y estemos a la altura del él porque si no de nada vale.

 

Ni ruegos ni amenazas deben ser capaces de modificar la historia de nuestros pueblos; si así fuere, estaríamos ante la justicia de quienes reclamarían nuestra cobardía: nuestros hijos.

 

En la fatalidad y momentos difíciles no podemos cerrar la puerta y escondernos de los retos. Reitero que tenemos al enemigo más grande (el dinero, que compra todo y corrompe todo; la vida misma no tiene el valor de este).

 

Tal vez ustedes se preguntarán quién es este que se expresa detrás de las trincheras y se oculta del frente de batalla. Tienen razón, no tengo tierras que defender, no tengo ganado que moriria por la contaminación que defender; solo advierto porque también un día no supimos defender como hombres lo que nos correspondía, lo que era nuestro, solo acudimos a instancias legales, a las leyes que creíamos que existían. Hoy solo me asiste una razón moral, y es el recuerdo del pueblo donde nací y en donde solo me quedan muy pocos amigos y tres ataúdes para recordar de donde vine; pero también algo muy fiel: los bellos paisajes y costumbres de mis pueblos.

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