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Nadie sabe con certeza cuándo se fundó Ixhuatán, pero es necesario conocer y estudiar el proceso histórico de su posible origen.

 

Un arqueólogo de nombre Enrique Méndez Martínez, quien exploró la zona sur del Istmo, supone que en torno a la laguna San Cristóbal, al norte de nuestro pueblo, cruzando el río Ostuta, pudo estar establecido el antiguo Ixhuatán, que fue fundado por los zoques, y al menos pudo haber tenido dos centros ceremoniales. Sugiere que el asentamiento inició en el periodo Preclásico superior o Protoclasico, teniendo su esplendor a fines del periodo Clásico, aproximadamente en el año 1000 después de Cristo.

 

Ixhuatlan, Izoatlan o Ixhuatán, aparece en el relato al sitio a Cuahutenago, era un pueblo que pagaba tributo a los mexicas, así aparece en el Códice Mendocino, y estaba representado con el dibujo de un elote con las hojas dobladas hacia atrás; también se identifica con el dibujo de una palmera. Cabe recalcar que nuestro pueblo al menos ha tenido cuatro nombres: el que le dieron sus fundadores, los zoques, y que actualmente se encuentra extraviado; Ixhuatán, llamado por los mexicas; Rancho el Común, llamado por los huaves, y Guidxiyaza, llamado por los zapotecas.

 

Esperamos describir con el lenguaje del teatro un bosquejo de la refundación de Ixhuatán, pero ahora por los zapotecas, quienes lo llamaron Guidxiyaza.

 

Transcurría aproximadamente el año 1777 cuando unos huaves vinieron a cortar bejuco blanco de este lado del río para ser utilizados en la construcción de sus casas de palma cuando de repente se encuentran con la imagen de una virgen.

 

- Juan: ¡Mira, un santo está ahí!

 

- Pedro: Es cierto, Juan. Está bonito. ¿Por qué no se lo llevamos al padre a ver que nos diga de qué santo es?

 

- Juan: Sí, sí. Vamos a llevarlo a San Francisco. Esto lo tiene que ver nuestro padre. Esto es un milagro.

 

Los dos huaves se llevaron la imagen que se habían encontrado y se la presentan al párroco de San Francisco.

 

- Sacerdote: Hola, hijos míos. ¿Qué los trae por aquí?

 

- Pedro: Padre, mira lo que nos encontramos allá por el otro lado del río, donde fuimos a cortar bejuco.

 

- Juan: Sí, padre, estaba ahí paradito en medio del bejucal. Hasta nos espantamos. ¿Qué será, padrecito? Dinos. Queremos saber.

 

- Sacerdote: Tranquilos, hijos míos. Se trata de un santo. Es la Virgen de la Candelaria.

 

- Pedro: Bueno, padre. De seguro se quedará aquí en la iglesia, ¿verdad?

 

- Sacerdote: Sí, hijos. No se preocupen. Aquí la cuidaré.

 

Al siguiente día, Pedro y Juan regresaron al mismo lugar para seguir cortando el bejuco blanco que ocuparían para amarrar la madera para la construcción de sus casas. Todavía tenían la sensación de alegría por el hecho que habían vivido el día anterior, pero, al llegar, grande fue su sorpresa:

 

- Juan: Mira, Pedro. ¿Estás viendo lo mismo que yo?

 

- Pedro: Sí, Juan. Sí, sí. ¡Es la misma que encontramos ayer!

 

- Juan: No puede ser posible si ayer la dejamos en San Francisco, y mírala, ¡ahí está de nuevo!

 

- Pedro: Vamos a llevárnosla de nuevo para que el padre la vea.

 

- Juan: Sí, sí. Vamos. ¡No cabe duda de que esto es un milagro!

 

Los dos huaves se llevaron de nuevo a la Virgen de la Candelaria a San Francisco. Ahí los recibió el padre.

 

- Sacerdote: ¿Y ahora, hijos míos, qué los trae por aquí?

 

- Pedro: Padre, venimos nuevamente a dejarle la Virgen de la Candelaria porque la volvimos a encontrar en el mismo lugar.

 

- Sacerdote: Pero si la dejé aquí. En este lug… Es cierto, padre santo, ¡esto es un milagro! La Virgen de la Candelaria no está aquí donde la dejé. Es cierto. ¡Aquí la traen de nuevo! Creo que la virgen quiere quedarse allá donde la vieron. Vamos a llevarla de nuevo al lugar donde la encontraron.

 

Fue así como la Virgen de la Candelaria se quedó de este lado del río, lugar donde se construyó por primera vez su ermita.

 

Este hecho trascendió por todos los rincones del Istmo, y fue así como los primeros paganos llegaron en carreta a visitarla porque era milagrosa.

 

(Entra a escena una carreta con un matrimonio)

 

- María: Mira, José, qué bonitas tierras hay por aquí: abundan el huanacaxtle, hay mucha leña y el río que pasamos está muy bonito; vi muchos peces, como el robalo, la mojarra. Yo me quiero quedar a vivir aquí.

 

- José: Es cierto, María. A mí también me gusta mucho: tiene buenas tierras yucuuela y tierra negra especial para el maíz y la calabaza. Definitivamente, les diré a mis demás hermanos que se vengan a vivir aquí. Esté bonito. Creo que se llama Ixhuatán. Nosotros lo llamaremos, en nuestra lengua zapoteca, Guidxiyaza.

 

Las familias se asentaron en este lugar y tuvieron hijos, mismos que disfrutaban de la naturaleza, así como todos sus recursos. Nuestros ancestros fueron niños, ellos jugaban al papalote, del tallo del hormiguillo elaboraron su trompo, de la subaziña encontraron la forma para jugar a las canicas y de las ruedas viejas de las carretas les llamó la atención un aro de fierro del cual elaboraron los cinchos.

 

No cabe duda de que la creatividad de nuestros ancestros zapotecas quedó grabada para siempre en cada una de las costumbres y tradiciones de este maravilloso pueblo zapoteca que se llama Guidxiyaza.

 

Bosquejo sobre la refundación de Ixhuatán, sustraído del libro “Ixhuatán: Las hojas de su historia”, del autor Juan Henestrosa Zárate.

El día en que la carreta llegó a Ixhuatán

Clemente Vargas Vásquez

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