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20/2/2016

 

A la vuelta de la esquina se encuentra el inicio de las campañas electorales para elegir al próximo presidente municipal de Ixhuatán. La violencia y el crimen desorganizado no han impedido que la carrera por la candidatura en cada fracción se viva, como de costumbre, de manera intensa por quienes aspiran a dirigir las políticas públicas de nuestro pueblo. Desde ya les pregunto a todos los precandidatos: ¿cómo piensan lidiar con los criminales que han invadido de miedo a Guidxiyaza? ¿Los incluirán en su nómina junto con regidores y demás burocracia? ¿Qué harán con respecto a los casos de extorsión existentes en la comunidad desde hace más de una década? ¿Y cómo evitarán que haya más secuestros en el municipio? Porque estos para nada son asuntos resueltos; además, exigen un programa concreto que no está contenido en la militarización actual.

 

En la primera columna que escribí para este portal (publicada el 15 de junio de 2014 y titulada “De la incultura política ixhuateca y la necesidad de un panóptico social”) apunté que uno de los motivos por los que se creó PANÓPTICO IXHUATECO eran las carencias ciudadanas en el momento de la participación política. Afirmé que, de manera sistemática, esta solía remitirse a las elecciones realizadas cada tres o seis años. Asimismo, indiqué que se manifestaban diferentes tensiones: “(…) enfrentamientos directos e indirectos entre los simpatizantes y militantes de cada fracción, enemistades que crecen o se generan dada la discrepancia de ideas en el (ausente) debate, acusaciones clasistas (…) adjetivaciones, mentadas de madre…”. A todas estas las concibo como un proceso de banalización de la política.

 

Teóricamente –pero solo teórica–, la decisión sobre quién será el elegido como el otrora padre del pueblo (léase a Juan Henestroza en http://goo.gl/vxyW5x) debería recaer en la agenda que presente cada candidato. De esta forma podría evaluarse lo que conviene más a los ixhuatecos en su conjunto y no solo a pequeños grupos de poder. Así se tomarían decisiones más prudentes en las urnas y, quizá, se tendrían mejores resultados durante cada administración. Pero, como la práctica dista de la teoría, lo que tenemos son luchas similares a las producidas por el fanatismo religioso. A saber: la determinación por vencer al “enemigo” para imponer a toda costa la visión propia.

 

Sobre esto último cabe destacar la estrategia utilizada por políticos y militantes contra quienes consideran sus adversarios: la guerra sucia. En julio del año pasado asistí a una asamblea del Partido Colorado (nada menos que los patrocinadores de la última dictadura en Paraguay, de Alfredo Stroessner, que se extendió por 35 años –¡con permiso, don Porfirio!–) en el municipio de San Lorenzo. Tras el mensaje a los simpatizantes y con elecciones en puerta, pude presenciar, en reunión únicamente entre miembros del partido, la que, indicaron, sería una de sus principales tácticas frente a sus rivales: “Por más que propongamos buenas ideas y mejores proyectos, eso no basta. Tenemos que concentrarnos en destruir la imagen del candidato opositor. ¡Hay que tirarle mierda! Sobre lo que sea: su familia, sus amigos, su pasado. Todo lo que contribuya a manchar su imagen”.

 

De inmediato se me vino a la mente una charla que tuve con un miembro activo del PRI hace algunos años: “Aquella frase que dice que ‘la política es el arte de aprender a tragar mierda sin hacer gestos’ está llena de razón. Esto es así, y tienes que jugar con las reglas que el sistema y los partidos te dan; si no, te quedas fuera. La política es mierda, tanto dentro de tu partido como contra los oponentes”. Y vaya que en Ixhuatán, de manera importante, suele abusarse de estos no tan sabios principios.

 

Pese a no haberse oficializado a los candidatos definitivos a la contienda electoral, ya se comenzó con señalamientos que nada tienen que ver con el debate político del municipio. Como de costumbre, se lanzan (y se lanzarán más) objeciones contra la vida privada de algunos aspirantes. Y con esto se cae en un error esencial de deliberación pública: confundir la moral con la política. Pareciera que lo que se busca son santos y no funcionarios efectivos; que vale más un cristiano ignorante que un ateo competente; que, mientras que el resultado final convenga a las convicciones individuales, no importa el daño que pueda se causar a terceros.

 

Esto me recuerda a los señalamientos que se le hacían al expresidente Felipe Calderón sobre su supuesto alcoholismo. ¿Representa un problema que un mandatario sea alcohólico? Si esta condición afecta en su desempeño en la toma de decisiones sobre el puesto público que ejerce, por supuesto que sí.

 

Más que adoptar a un candidato u oponerse a otro como si se tratara de un partido de futbol, habría que trascender las barreras del odio por el diferente y entender que la decisión final repercutirá en toda la población. Como ixhuatecos, que tanto nos jactamos de nuestro pueblo, habría que exigirle a cada uno de los aspirantes el compromiso de tomar decisiones benéficas para la población, que se materialicen durante cada trienio y que, de no cumplirlas, exista la opción de revocar el mandato trátese de quien se trate. Urge establecer procesos de transparencia del gasto público a fin de verificar cómo se ejerce el erario. Urge más contrarrestar la banalización de la política y reivindicar los estatutos que sustenten a una comunidad democrática.

 

La elecciones municipales son un proceso político-social, no confesiones frente a un sacerdote a la espera de ser declarados puros de espíritu.

 

Avisos parroquiales: propongo que, una vez definidos los candidatos de cada partido o alianza (además de la nueva figura de independiente) a la alcaldía de Ixhuatán, se lleven a cabo, por lo menos, dos debates públicos entre estos de manera que puedan defender su programa político frente al de los otros contendientes y exponer de manera fundamentada a la ciudadanía por qué son la mejor opción para el siguiente trienio. Este ejercicio colaboraría a mejorar nuestra cultura democrática y presentaría a los ciudadanos versiones alternativas de procesos electorales a nivel municipal. ¿Estarían dispuestos?

 

Postdata: espero que mis detractores semanales vuelvan pronto. Esta es una buena oportunidad para leer sus opiniones. Os echo de menos.

Guerra sucia

Michael Molina

Tomada de www.am.com.mx

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